miércoles, 25 de marzo de 2009

LA POLIFONÍA PERONISTA



La historia fue así, a mediados del año pasado, Fernando Fisher, proveniente del Partido Justicialista e intendente de la localidad santafesina de Amnstrong, se despachó con la siguiente frase ante 20 mil personas que presenciaban su acto en algún lugar remoto de su pueblo: “Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”.

Fisher tenía toda la intención de citar a un general y en eso no se equivocó. La frase del intendente hubiera cerrado de no ser por un pequeño detalle: le erró de general.
En efecto, Fisher trajo a la memoria la imagen de Leopoldo Fortunato Galtieri, ideólogo de la absurda guerra de Malvinas. Fisher quería citar a Perón, ideólogo del Justicialismo.

No obstante, para fortuna -o desgracia- del errático intendente, Reutemann salió a respaldarlo con otra frase tan inoportuna como la anterior. A propósito, el ex corredor de Formula 1 y actual peronista dijo: “Son esas boludeces que a veces uno comete cuando habla”.
Hay algo, no obstante, que no cierra y que desde hace un tiempo a esta parte, rebota dentro de la incisura intertrágica de mis orejas. Desde la vuelta a la democracia hasta la actualidad todo aquel candidato que se jacte de peronista tiene una impostergable necesidad de citar a Perón donde sea y como sea.
Pareciera que la clave del éxito justicialista radica en decir algo ya dicho con anterioridad por Juan Domingo. Entonces, uno puede vislumbrar a los jefes de de campaña o al asesor de imagen del político peronista diciéndole una especie de tips a tener en cuenta para sus discursos y presentaciones en cámaras, entre las cuales no pueden faltar: “acomodate la corbata, mira fijo al lente, peinate bien y no te olvides de citar a Perón caiga quien caiga y sea como sea”.

Pero para criticar a conciencia, siempre digo que es necesario realizar el análisis del discurso correspondiente, entonces, elegí hoy al azar un político peronista que ocupa el cargo de Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, que hoy es kirchnerista y ayer fue menemista y mañana veremos en que muta. A propósito, estoy hablando de Scioli. Ahí vamos:

“Para acompañar a la presidenta de todos los argentinos, a nuestra compañera Cristina Fernández de Kirchner, en la política de distribución del ingreso, de inclusión social, cómo ya lo dijo el general Perón con su experiencia y su sabiduría “con la ley todo y fuera de la ley nada” y eso es lo que tenemos que respetar, abrazarnos a nuestras instituciones para poder seguir avanzando en paz, en libertad y en democracia”.
Mas adelante, otro extracto de su discurso dice así:

“Tenemos que tener muy claro el mensaje que nos dejó el general Perón: “para un argentino, no hay nada mejor que otro argentino”, y eso más que nunca lo tenemos que repetir y tener claro, que primero está la patria, después el movimiento y después los hombres y hoy la patria requiere esto y por esto estamos aquí”

¿Lo ven? La verborragia peronista, esta ahí, latente. No importa de qué se hable, siempre tiene que aparecer “el General” como sea. ¿Por qué no lo dejan descansar en paz? En lo anteriormente expuesto, díganme: ¿Qué carajo tiene que ver la frase “con la ley todo y fuera de la ley nada” con la inclusión social y la distribución del ingreso? Nada.

Otra cosa. Para el peronista primero está la patria, después el movimiento y por último los hombres, es verdad. ¡Pero, ojo eh! La patria siempre tiene que ser peronista porque sino, no vale.
Entonces, tranquilamente uno se puede imaginar esta situación: a Scioli –o cualquier otro- yendo a comprar un parlante para su equipo de música a cualquier casa de audio y decir: “déme el mejor parlante para mi equipo de música porque yo, al igual que el general Perón “llevo en mis oídos la más maravillosa música que es, para mí, la palabra del pueblo argentino” y rematar con un ¿cuánto sale?”

Scioli aparte de escupir lo primero que le viene a la boca, cita mal a Perón. Porque lo que en su momento dijo este hombre era que “para un peronista, no hay nada mejor que otro peronista”.
Ahora bien, teniendo en cuenta que el peronismo es el movimiento mas heterogéneo de nuestro país, que para un peronista no haya nada mejor que otro peronista, termina resultando un grano en el orto para los peronistas de hoy.
Porque en la actualidad todos se encuadran dentro del peronismo y sólo basta con hacer una breve enumeración de las figuras que se embanderaron tras Perón y se consideraron como peronistas para que salte la ficha. Entre ellos: Luis Abelardo Patti, Aldo Rico, Carlos Saúl Menem, Eduardo Duhalde, Cristina Kirchner, Luis Barrionuevo, Adolfo Rodríguez Saá, Felipe Solá, entre otros. Todos son peronistas, pero a la vez algunos se embanderan como “peronistas Anti K”, otros como peronistas oficialistas, como disidentes y otros donde pueden.

Por suerte, la parodia nos sirve de consuelo para los que no tenemos opciones al emitir el sufragio. Cuando me levanto por la mañana, disfruto de escuchar el programa de Fernando Peña en la Metro. Se llama “El parquímetro”, va de 6 a 10. Cada tanto, Peña encarna uno de los personajes que mas me gusta escucharlo interpretar, el de Rafael Oreste Porelorti, un senador justicialista que pasó por todos los puestos y siempre supo acomodarse y transar con quien sea para permanecer currando en la política. Un verdadero dinosaurio político. Otro que supo condensar como ningún otro la verborragia peronista fue Alfredo Casero en Cha Cha Cha, con su personaje Don Gilberto Manhattan Ruiz, el Ministro de Ahorro Postal o con el célebre sketch de la convención de Batmanes del Mercosur.

Si estuviéramos en otro país, Peña y Casero serían unos exagerados, pero acá, en éste, son adelantados y por eso, muchas veces incomprendidos. Tanto Rafael Oreste Porelorti como Don Gilberto Manhattan Ruiz es el prototipo del político peronista de hoy.

Retomando un poco la polifonía peronista, creo que llegó el momento de recordar algunas de las frases que los discípulos de Juan Domingo nos dejaron para la posteridad. Hay un par que son célebres como la de Eduardo Duhalde diciendo “el que depositó dólares, recibirá dólares” o aquella esgrimida por María Julia Alsogaray: “en mil días vamos a poder tomar agua del riachuelo”. O mejor, ¿por qué no? el hermano de Adolfo Rodríguez Saá denunciando fraude electoral y pidiendo que revisen la mesa numero 86 de Necochea que los daba como ganadores.

Por mi parte, lo mas sensato que le escuche decir a un peronista fue que “en este país hay que dejar de robar por dos años”.

Otra cosa que nunca entendí de la raza peronista es cuando dicen “Hoy es un día peronista” ¿Qué es un día peronista? ¿Un día de sol? ¿Un día nublado? ¿Un día mitad sol y mitad nublado, con ráfagas de calor y de frío? ¿Un día para andar en bermuda? Por ejemplo… Ahora que hace falta que llueva, si llueve ¿es un día peronista? ¿O es un día lluvioso? Ah y para ellos ¿Cuál es el día radical? ¿Tendrá su día la Coalición Cívica y el PRO?

En fin, como diría Reutemann “Son esas boludeces que a veces uno comete cuando habla”. Y el peronista habla mucho.

martes, 17 de marzo de 2009

MILWAUKEE

Temprano en la mañana, Gutiérrez le realizó la autopsia a su pasado, crucificado, muerto y sepultado veintisiete abriles atrás.

Acto seguido, se miró al espejo y confirmó con nostalgia la mirada de madera que el reflejo le devolvía. Suspiró, tomó la gillete y cayó en la cuenta que el tiempo le empezaba a pasar factura.

Sólo para justificar lo hecho, recordó la risa, la misma que lo venía madrugando en el último tiempo. La misma que debió soportar en sueños, fiestas, almuerzos y demás protocolos a esta altura disecables.

Como un fantasma atravesó el living y asesinando uno a uno sus pensamientos, se sumergió en el mullido sofá mientras contemplaba por el amplio ventanal una mañana de tintes intolerables.

Sirvió dos copas de su mejor Cabernet, estirando delicadamente su brazo le acercó una de ellas a su mano. Lo tenía reservado para una ocasión especial, sentenció. Ella, absorta y con la mirada perdida, no emitió palabra alguna. Gutiérrez se sentó a su lado y mientras cruzaba las piernas, se tomó unos instantes para apreciar el rojo intenso y los matices violetas. Luego, hundió su nariz en la copa y disfrutó del aroma fino y elegante. En su boca, el vino maduro y los taninos suaves se deshicieron al instante.

- Este es mi juego favorito, ¿cuál es el tuyo? ¿Jugás backgamon?
Trato de imaginar la tapas de los diarios, el acoso mediático y la consecuente condena social. Trató de memorizar el instante exacto y las circunstancias que lo motivaron a tomar la decisión. Recordó con nostalgia los consejos advertidos por González. Gutiérrez lo que vas a hacer es un viaje de ida, pensalo bien. Recordó su abominable respuesta, su expresión decidida, sus misceláneas.

Mientras tanto, ella lo esperaba inmutable, desnuda y con la mirada en un punto fijo. La inercia hizo que de a poco vaya perdiendo su postura.

Antes de que suene la primer sirena, seguía con la copa en la mano pero sin terminar de
desangrarse.

martes, 10 de marzo de 2009

LO QUE IMPORTA


Ahora que son tiempos donde la gente mira para arriba para ver si algún misil teledirigido les parte la cabeza y de curas que niegan holocaustos. Ahora que son tiempos de presidentes negros, de liberar Guantánamo y cerrar cárceles ilegales, de Raúl por Fidel, de Kirchner por Kirchner, de Cuba libre y fernet con coca.

Ahora que son tiempos de Israelíes versus Palestinos, de Gaza en el medio, de Hezbolah, de Hamas, de Al Qaeda y terrorismo de Estado, de muros de Marley por muros de Berlín, de secuestro Express, de Bonaerense corrupta y Federal corrompida.

Ahora que hay crisis económica, crisis energética, crisis amorosas, crisis existenciales, crisis agropecuarias, crisis de los 40. Ahora que juntamos plata para Tartagal, que el gobierno puede intervenir el Indec de forma “democrática” y decirnos que la inflación anual es del 7%. Ahora que se ningunea al vicepresidente, que se habla de bajar la imputabilidad de menores y de despenalizar el consumo de marihuana.

Ahora que Susana es formadora de la opinión pública, que ya no se habla de riesgo país, pero que un alfajor me sale cinco pesos; ahora que sigue habiendo desocupación y despidos masivos, ahora que quieren levantar villas y poner mas cárceles.

Ahora que si sabes algo tenés que llamar al 911 y si querés también –aparte- colaborar con De Narváez y su mapa de la inseguridad, porque “saber nos da seguridad”, auque nadie aclaró que tipo de saber.

Ahora que invertir en educación, salud, viviendas públicas y fomentar empleos es perder el tiempo en quimeras. Comentario al margen: ¿Acaso para saber y tener seguridad no hay nada mejor que la educación? ¿Y uno no tiene predisposición a aprender si tiene la panza llena?

Ahora que el dólar se fue por las nubes y el euro por las estrellas. Ahora que el agujero de ozono es irreparable, ahora que hay sequía, tsunamis, inundaciones, temporales, huracanes, deforestaciones y escasez de recursos no renovables.

Ahora que el cáncer y Fabbiani están de moda, que sin triki – triki no hay bam – bam, que sin casco te saco la moto, ahora que mi vecina se operó las lolas.

Ahora que Solari se junta con Calamaro, que Charly está gordo, que Cadillacs y Soda están de vuelta, que géneros musicales están en mutación permanente.

Ahora que son tiempos de argentinos sin Davis, de Davis sin Nadal, de Nadal sin Federer, de Federer sin Grand Slam. De vedettes y futbolistas, de botineras. De Maradona sin Ruggeri, de Ruggeri sin perdón, de A.F.A con Grondona, de Grondona con Bilardo, ¿de Bilardo sin bidón?

Ahora que nos empezamos a olvidar de Cabezas, de López, del caso Skanska, de Antonini Wilson y del grupo Siemens. Ahora que nos invaden los floggers, los emos y esas peleas en el Abasto, ahora que en la costa la juventud está desenfrenada, ¿así dicen, no?

Ahora que el paco suplantó al Ántrax y Pepe Argento a los Benvenuto. Que cada vez mas temprano los pibes se avivan que Papa Noel es un tío gordo y los reyes magos tres boludos de la municipalidad.

Ahora que todo sigue igual de bien y que no hay nada de que preocuparse… a mí de repente, dentro de todo este contexto, ¿no?, me surgió una inquietud impostergable.

Yo me pregunto señora, pero necesito que me sea franca y me diga la verdad y nada mas que la verdad. Sáqueme la duda, si es que puede.

¿No me sabría decir que salió ayer a la cabeza de la provincia?

Desde ya, muchas gracias.

viernes, 27 de febrero de 2009

DE SUICIDAS, CARDIÓLOGOS Y ALGUNOS AMORES


En “Motivos para no enamorarse”, Celeste Cid dice un latiguillo que es letal. Sentada frente a Jorge Marrale, -a quien su carrera lo ha premiado con la irrepetible experiencia de besar esa boca-, la princesa dispara: “Tengo cierto sentido trágico de la existencia, que siempre me hace pensar lo peor de todo en cualquier situación”. La frase podría servir para enmarcar cualquier manifestación patológica de la paranoia, pero como en esa escena de la película, los actores debaten sobre las intermitencias sentimentales de Clara -personaje de Celeste- el destino y las circunstancias quisieron que la cita se encasille dentro de los miedos que genera conocer a alguien y acerca de la imposibilidad de cerrar asuntos pendientes.

La peor de las conjugaciones que un morfema flexivo verbal puede hacer, ocurre cuando dentro del predicado, el lugar del sujeto tácito no nos corresponde. Lo anterior es igual a tener que soportar nuestro 11 de septiembre emocional. Aquel terrorismo que derribó el ideal no corrompido con el cual suponíamos que íbamos a comulgar -al menos- por un lapso de tiempo mayor a lo que fue en realidad.

Voy a partir de este precepto para pasar a la solución que la ciencia nos puso al alcance de la mano y que por aquellos caprichosos movimientos del causa y defecto me encontré una tarde de domingo, hurgando por el Clarín. La noticia decía así: “Diseñan un corazón artificial que podría implantarse en el cuerpo en forma permanente”

Para la ciencia y para el prestigioso diario del 8 de febrero pasado, no todo está perdido. El cirujano cardíaco Alain Carpentier creó un nuevo modelo de corazón artificial, una prótesis automatizada que podría implantarse de por vida en aquellas personas que necesitan un trasplante cardíaco. Para instalar este aparato, se deben extraer los ventrículos del paciente y en su lugar se coloca el artefacto, luego se unen las válvulas con las aurículas del damnificado y ya tenés un corazón nuevo de tejidos animales y titanio.

Además, según Clarín, el modelo de Carpentier “sería el primero capaz de determinar y adecuarse a las necesidades de cada paciente gracias a censores electrónicos muy sofisticados empleados en misiles”

Sin duda alguna, lo de Carpentier es quizás el avance médico del año a no ser que en lo que queda de este, se descubra la cura contra el cáncer. Permítanme, no obstante, llevar la contra. No es elegante ni prudente, pero si, justo y necesario.

Este corazón artificial nos va a dar un changüí en el difícil arte de respirar, pero la ingeniosa creación del francés, lleva implícita entrelíneas una contrapropaganda igualmente desesperanzadora. Les tengo malas noticias: El amor es la única de las facetas humanas donde matar al perro no significa que desaparezca la rabia.

Lo de Carpentier, no es otra cosa que el Sildenafil que asegura un mayor flujo de sangre, que por un determinado lapso de tiempo va a asegurar el éxito viril de experimentar la sensación de satisfacer los bajos instintos. Pero, no viene a solucionar el abominable tiempo que nos separa física, temporal y espacialmente de aquellos sucesos pasados, recientes y lejanos que nos madrugan cuando llega la noche. Dicho en otras palabras, es el descuento de un 3 a 0 en contra.

La destreza no promocionable de este tipo de novedades radica en pasar por alto lo que la cabeza coagula sin necesidad del corazón. Y para eso, todavía no se invento ningún chip transferible que pueda sacar del disco rígido personal e inamovible, los momentos que nunca quisimos vivir. ¿Por qué el ser humano al igual que las computadoras no tiene por alguna parte de su cuerpo un botón de reset para apretar en caso de que se quieran borrar de nuestra memoria RAM momentos no deseados?

Está empíricamente comprobado que una vez que el cuore humano deja de funcionar como un relojito, el cerebro puede subsistir sin oxígeno hasta un lapso de cuatro minutos. Luego de esto, no hay vuelta atrás. La inevitable muerte se materializa finalmente como inevitable.

Para lo que todavía no hay subsistencia comprobada, es para cuando la misma operación sucede a la inversa. No hay respiración boca a boca ni electro shock a revoluciones exageradas que resuciten la muerte cerebral.

La desinencia premeditada que se ve, (pero se opta por ignorar), termina siendo el angioma por el cual ninguna obra social va a querer hacerse cargo. El “yo lo sabía” de ayer, es el peor de los combustibles que acelera todo aquello que no se debe hacer, pero se puede. La peor de las hipocresías que nos podemos creer es aquella que gira en torno a querer atribuirle al corazón de los demás, el mismo respeto que pretendemos para el propio. Maldita distopía que promulga San Valentín. No hay caso, post mortem, es mejor arder que desvanecerse. Gracias Kurt. De esa forma, quizás el Apocalipsis tenga sentido.

Después, supongo que las indulgencias y decir todo lo que no se dijo puede ser una especie de anestesia, no obstante, hay que estar psicológicamente preparado para afrontar el momento. Una razón descafeinada no es suficiente para abarcar un corazón etílico. Sola por sus medios, es como la leche en polvo, necesita de otro elemento para que se transforme en tal.

Hay un párrafo que es este y que te quiero dedicar. No es bueno salir a la calle desprevenida, ante tantos ojos que sólo te ven de esa forma, sabelo. Este si, que es un mensaje para vos. Espero llegue a tiempo. Hasta acá me doy el lujo de ser egoísta. Sentite bien que lograste mucho.

El problema de las ciencias duras es que siempre subestimaron a las ciencias sociales. Las tildaron de blandas sin leer el prospecto que advertía los efectos paralelos que las contraindicaciones médicas y clínicas vaticinaban, si se las llegase a descuidar. Con la llegada de la modernidad, lograron igualar a la iglesia y con el correr del tiempo sobrepasarla, pero están cometiendo el mismo error que con ellos cometió la institución eclesiástica. Lo peor de todo es tratar de internalizar que es tarde. Que lo que ayer renovó, mañana cansa. Todo estalla alguna vez.

René Favaloro inventó el by-pass y la máxima condecoración que le dejó este país fue un boliche en Bariloche con ese nombre. El tiro fue directo ahí, al corazón, porque no aceptó ver como le daban vuelta la cara y porque quería dejar un mensaje. No lo entendimos.

Bienvenida sea entonces, la sociedad toda, a la divina comedia del aneurisma cerebral. Después no digan que no les avisé.

Che, me quede pensando algo que me quedó dando vueltas en la cabeza, hasta ahora: ¿Vieron qué linda está Celeste Cid?

miércoles, 18 de febrero de 2009

DISCO BABE DISCO


En el dorso del libro “Las intermitencias de la muerte” del portugués Saramago, la sinopsis alega que la obra bien podría terminar tal como empieza: «Al día siguiente no murió nadie». Bien, pues yo podría decir lo mismo de este ensayo, aunque carezca de la lucidez de José. Entonces acá va: Este ensayo bien podría terminar como empieza, porque si hay algo de lo que estoy convencido es que la idea nietzscheana de que la historia se repite y dentro de ella no hay evolución posible, parece ser la base sobre la que se asientan las relaciones y el suicidio en masa que la sociedad adoptó para este nuevo siglo. Así que desde ya les aviso que esto va a terminar como empieza. Por ende, les cagué el final.

Vivimos condenados al eterno retorno. En mi caso en particular, tengo que confesar que soy alguien al que le gusta repetirse en la puta costumbre de dar segundas oportunidades. Miento. Mucho más que eso, he llegado a dar hasta tres o cuatro oportunidades, porque si hay otra cosa de la cual estoy convencido es que el ser humano es contradictorio por naturaleza y por ende propenso a equivocarse una y otra vez y en efecto a repetirse tambíén en el error.
Además, todo sabemos la tan famosa frase “errar es humano y perdonar es divino” y de ahí en adelante todos sus derivados y misceláneas. Supongo que esto, no nos hace ni mejores, ni peores personas, a veces nos hace un tanto predecibles y otras un tanto pelotudos, aunque el juzgamiento puede variar si se tiene en cuenta el resultado que esa repetición acarreó, pero como también se sabe de sobra, con el diario del lunes todos la tenemos mas grande que el domingo.

Pero bueno, no era esto puntualmente a lo que quería apuntar. En fin, como decía, me gusta volver a ver de cerca la posibilidad del error y si es posible -con mucho viento a favor- ver como el mismo se supera o modifica.
Lamentablemente, pocas veces fui testigo de eso, pero como todo buen repetidor y dador de segundas oportunidades, siempre creo que la próxima vez va a ser la última vez que daré esa oportunidad, y a su vez, que la última vez que la di, fue la última vez que salió mal. Si a esto le agregamos que como todo buen soñador, creo que los destinos –como las personas y los lugares- pueden cambiar su esencia y sus cromosomas, el cóctel termina siendo explosivo y la úlcera más grande aún, porque el resultado que de la repetición se espera, es inversamente proporcional al que se obtiene, pero el chiste de la tragedia consiste en creer que eso nunca va a ser así.

Por eso, un buen fin de semana de este verano me fui con mis amigos a Mar del Plata y decidí darle revancha a una idea estereotipada de raíz. Decidí darle una segunda oportunidad a la concepción repulsiva que a lo largo de mi experiencia de bar, le tomé a los boliches bailables.

Para tal fin, fuimos a Sobremonte, un predio con varios metros cuadrados para respirar, pero que luego de las dos de la mañana se vuelve una irrazonable restricción a la libertad personal y pública. Por todo eso, -aunque parezca mentira- la gente paga cincuenta pesos por cabeza más gastos adicionales en bebidas y otras yerbas.

Las paradoja que asegura el éxito de lugares así, radica en que lo que la gente aborrece de la boca para afuera, con el correr de las horas y un poco de alcohol, se termina transformando en el objetivo por el cual va a sacar plata de su bolsillo. En la playa, la gente quiere tranquilidad, en la ciudad la gente se queja de los embotellamientos y la falta de privacidad, si hace calor se quejan porque falta el aire, pero inversamente, la masa elige lugares como Sobremonte para rebalsarlo y después fastidiarse por que no hay un centímetro libre para poder respirar así, algo mas que la cuota de oxígeno que a modo de consumición le toca con la entrada.

Pero hay otra cuestión de fondo que también me llevó ahí, la misma es que desde hace tiempo vengo estudiando el comportamiento de la gente que consume música electrónica. Me asombra como una manada de personas puede soportar por más de tres horas el ritmo incesante de un disco a revoluciones exageradas que se condensa con otro disco a la misma velocidad, y así sucesivamente. Y sinceramente, me rehúso a los que dicen que sólo eso puede ser factible por el consumo de éxtasis.

Esa noche en Sobremonte tocaba un DJ que se hacía llamar Zuker, hasta ahí, el único Zuker que conocía era un delantero croata que la rompió en el mundial del Francia 98 y que estuvo en la despedida de Maradona en la Bombonera.

En fin, rodeado de adolescentes y adultos resignados a resistir el paso del tiempo a cualquier precio, fui testigo de una aglomeración de neuronas que apuntan con el dedo al tipo en cuestión y se muerden los labios simulando un orgasmo. Pequeñas tribus de gente con anteojos de sol -¿Por qué usan anteojos de sol en un boliche a la noche?- manteniendo el mismo paso por horas y horas consecutivas, como pequeños relojes de precisión suiza. La experiencia no me sirvió de nada porque todavía sigo sin entenderlo, no es algo que me pueda llegar a cambiar la vida que logre racionalizarlo o no, pero tampoco es bueno andar con dudas por la vida. En fin, otra vez será.

Antes de que esto acabe quisiera exponer otra cosa que me quedó retumbando en mi cabeza tras mi último paso por un boliche: ¿por qué cada vez más la gente quiere socializarse menos, pero elige lugares de socialización y muchedumbre para hacer todo lo contrario? ¿Será la mejor de las revoluciones a la que se puede aspirar? ¿O estamos ante una nueva contracultura? Personalmente, creo que es el peor de los gataflorismos que aflora después de las dos de la mañana y el tercer trago.

A los jerarcas de Sobremonte no les importa eso, tampoco parece haber registro de algo que sucedió el 30 de diciembre del 2004 en un lugar llamado Cromañon.

A mediados de los 70, en Inglaterra nacieron los Sex Pistols. Su single "God Save the Queen" de 1977 fue calificado como un ataque a la Corona y al nacionalismo británico. Tenían un sentido y una dirección, querían decir algo a los mandatarios ingleses y a la Reina Isabel II, veían a la juventud de su país dormida, comercial y superflua. ¿Acaso no somos eso? La misma juventud que los Sex Pistols vieron en algunas generaciones atrás en el Reino Unido.

No te voy a porfiar más Enrique, la vida es un bar y los bares no son otra cosa que los bosques que le quedan a las ciudades ante tanta peatonal. Son el último lugar en donde todavía existe la aventura posible de que te pase algo distinto, de mantener conversaciones transgresoras con amigos marginales, intelectuales, putas y demás bichos raros.

Voy a volver al principio porque como lo adelanté, “este ensayo bien podría terminar como empieza” y voy a respetar ese mandato solo por la estúpida o radical idea de morir con la filosofía de la repetición a cuestas, pero con la impagable sensación de no haberme traicionado a mi mismo. Después de todo, fui yo quien elegí la manía de repetirme, así que vuelvo al principio que no es otra cosa que este final. Hasta que me den ganas de dar otra segunda oportunidad.

viernes, 6 de febrero de 2009

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL CEL




La persona que tiene un celular es un imbecil hasta que demuestre lo contrario. Con esta frase, Fabián Casas enfrasca su recazo contra la tecnología luego de tener la experiencia de pasar por el Personal Fest. El escritor de Boedo mastica la bronca y la apelmaza con dos ensayos –Odio contra la maquina I y Odio contra la maquina II- de su último libro titulado “Ensayos Bonsái”.

Casas traza un paralelismo entre el mingitorio de Duchamp, como el objeto fetiche que resignificó el arte del siglo XX y el aparato celular como la “muestra cabal, la materialización más notable, de la estupidez humana”. En este sentido, el escritor prosigue diciendo que “estar conectado, vivir sin riesgos, imaginarse el mundo como un lugar claro y racional donde queremos habitar, es la distopía que propulsa a las propagandas de telefonía celular”.

Corriendo un poco el eje, el sociólogo polaco, Zygmunt Bauman en su libro “El amor líquido” analiza los tiempos que corren y la forma en que la sociedad trata de amoldarse en ellos. Bauman caracteriza a la actualidad como en constante cambio y a la sociedad actual de “liquida” y propensa a no sostener nada que no sea descartable.

El autor, también traza otro paralelismos, -tan interesante como Casas- pero apelando a la ficción. En efecto, -en su prólogo- recurre al escritor Italo Calvino y mas precisamente a su libro “Las ciudades invisibles” para ejemplificar a los habitantes de Leonia, con el estado actual de los seres humanos que respiramos dentro de este ecosistema: “preocupados por una cosa mientras hablamos de otra”. Bauman propone que el término “relaciones con compromiso” fue sustituido por el término “conectarse” que lleva implícito la exclusión de la obligación que vendría a ser el cuco de estos tiempos. Dicho en palabras del propio Bauman “las conexiones se establecen a demanda, y pueden cortarse a voluntad”.

Ahora que miro de reojo en una revista una escandalosa propaganda de un nuevo modelo de Nokia, creo que es el momento justo de hablar de la sobrecarga de información y la saturación de conexiones que promueven el cáncer de neuronas, ante la atenta mirada de una resaca delimitada de lingüistas que no se horrorizan por la decadencia del lenguaje en la actualidad.

Estamos inmersos en el estereotipo del nunca jamás. La perfección nunca fue tan inalcanzable como lo es ahora. Son tiempos de radiación extra large y de multiplicidad de conexiones. Nos conocemos a través del mensaje de texto, del Messenger, del fotolog. Son tiempos de Facebook, de blog (culpable), de Floggers, de Emos, de abreviar palabras porque hay que ahorrar tiempo para decir otra cosa sin sentido alguno pero hacia otra dirección.

Somos cómplices de lo que tanto temimos, de la insoportable levedad del cel. Depender del celular se ha vuelto un acto tan natural como respirar. A McLuhan el tiro le salió por la culata, la aldea global que vaticinó junto a la utilización del progreso tecnológico como extensiones de nuestro cuerpo biológico que van a desarrollar la vida social en un “tercer entorno”, no es otra cosa que escupir en contra del viento.

Estamos pendientes del celular para saber la hora, para saber si alguien se acordó de nosotros o para cargar crédito el día que nuestra compañía de telefonía nos aconseja hacerlo, porque hasta eso han logrado, manipular indirectamente nuestro bolsillo. Para comprobarlo, sólo basta remontarnos cuatro años atrás, cuando estas maquinas eran sapo de otro pozo y se podía respirar igual.

Ahora sin el celular nos falta una parte del cuerpo, nos falta el despertador, la agenda, el recordatorio de que fulano cumple años tal día -cosa que detesto, porque uno se tiene que acordar de los cumpleaños por el afecto que se le tiene a tal o cual persona y no porque un aparato me dice que tengo que hacerlo- y lo que es peor, ya no alcanza con tener un equipo, sino que la vorágine consumista nos ha hecho creer que es necesario tener el ultimo de esos equipos, con GPS, MP3 y memoria expandible, caso contrario se deshonra a Dios.

Lo que antes era un beneficio: estar comunicados, hoy oculta una contrapropaganda inversamente proporcional en términos de letalidad. Bauman lo puede explicar mejor “El lugar donde uno esté, lo que esté haciendo y la gente que lo rodee es irrelevante”. Así es, las distancias se han achicado pero hemos alejado la experiencia de estar verdaderamente conectados entre nosotros, de mirarnos a los ojos y saber que nos pasa.

Para ser mas gráficos retomemos a Casas y un ejemplo bastante particular que el escritor desentrama: “Estas tratando de meter el bocadillo letal para enamorar a la chica que te gusta y le suena el celular. Es el ex novio, desde Zambia, ¡que se puede comunicar!

O tal vez -¿porque no?- Chris Moss, opinando dentro del libro “Multitudes inteligentes” de Howard Rheingold, que a través de los SMS y la red “la introspección es reemplazada por una interacción frenética y frívola que expone nuestros secretos más profundos al lado de nuestra lista de compras” con lo cual hay algo que es sumamente mas problemático, y es que hemos banalizado las cosas que antes eran sentimentalmente importantes y especiales de decir.

Pero como toda tragicomedia tiene su absurdo exagerado, voy a remitirme a experiencias propias en el tema. El otro día consumía televisión y un aviso comercial asalto mi perplejidad. Decía así: “Manda cornudo al 1100 y enterate si tu pareja te engaña” luego de quince minutos otro anuncio me aconsejaba que si quería ser el alma de las fiestas debía mandar “chiste” al mismo número. En fin: ¿qué nos está pasando?

Y apropósito, esto de pensar en fiestas, me trajo a colación algo que Casas también dijo en uno de sus ensayos: “Sobre el fin del milenio, las personas que tienen aseguradas casa, comida, entradas al cine, ropa y discos viven hostigadas por la idea de que hay una fiesta, una gran fiesta, pero que está siempre sucediendo en otro lado. Les tengo malas noticias, amigos: la fiesta no está en ningún lado”.

Personalmente, creo también que la invención del celular vino a contribuir el balazo a la sien de las relaciones sentimentales en el siglo XXI, pero que a la vez es el hermano menor que la tecnología nos puso al alcance de la mano para cargar las culpas sobre sus espaldas. No hay objeción para cuando alguien te dice “Te mande un mensaje. ¿No te llegó?” Tampoco las hay para cuando nos dicen que tu mensaje llegó tarde.

Entonces ahí voy, a ver si le puedo sacar el número de celular a esa morocha, así después le escribo y si con suerte me responde y le firmo su fotolog, quizás ahí, me acepte como su amigo en Facebook y podamos llevar a delante una relación virtual. De ponerla ni hablemos. O mejor hablemos por Chat, total se lo digo y no doy la cara y así es más liviano y si se ofende le pongo que yo no le escribía, que fue un amigo que estaba de paso en casa y se me metió en el MSN, que es algo así como decir que lo que hice la noche anterior fue porque estaba borracho y de esa forma puedo eximir mi culpa y ser inimputable por la divina gracia de Dios. Que fácil es todo. He aquí el crimen perfecto. Que lindo llevarlo a cabo, pero que nunca me entere que me lo hagan porque ahí si que me voy a enojar mucho y voy a ser la peor de las víctimas y voy a jurar venganza por sobre todas las cosas. Amen.

Una ultima cosa que por no se qué capricho del causa-efecto me llevo a tener otra observación: ¿Se han dado cuenta que desde que se ha puesto de moda mandar mensajes, cada vez más la gente se choca en las calles y tiende a cruzar en rojo?

Creo que tarde o temprano al igual que Sherlock Holmes, caeremos en la cuenta de que la realidad es más compleja que la ficción y que Bauman no estaba tan desacertado cuando nos comparó con los ciudadanos de la Leonia de Calvino: preocupados por una cosa mientras hablamos de otra, conectados, inmersos en la superficialidad del ringtone, mientras la vida nos pasa por delante de los ojos.

Por mi parte, voy a volver al principio y ser tan -o más- prejuiciosos que Casas. Coincido: toda aquella persona que tiene un celular es un imbécil hasta que demuestre lo contrario. Ahora los dejo, porque algo me esta sonando en el bolsillo de mi pantalón.

Estamos enfermos, perdónennos, perdónennos.

martes, 27 de enero de 2009

VOS FUMÁ


“Los actos privados de los hombres, en cuanto no ofendan la moral pública o afecten a terceros, están reservados a Dios y exentos de la autoridad de los magistrados”. La cita corresponde al juez cortesano Enrique Petracchi y fue el ley motive que en 1986 declaró inconstitucional la tipificación previa del uso de estupefacientes.

En ese estado flotaba la cuestión del consumo en Argentina, hasta que en 1990, Menem privatizó la cosa volviéndola a penalizar.

Ahora, el gobierno nacional quiere impulsar la despenalización del consumo personal de drogas para que de este modo, el consumidor deje de ser perseguido y ya no se lo encasille en la figura de “delincuente” sino en la de “paciente”.

Para tal fin, en marzo del año pasado, el Ministro del Interior Aníbal Fernández viajó en un estado de estupefacientes, rock, fútbol y sala de ensayo a la cumbre de la ONU que se realizó en la capital austriaca de Viena. Allí, el gobierno nacional oficializó el cambio radical con respecto a la política prohibicionista made in Norteamérica, que venía sosteniendo y respetando a rajatabla en los últimos 30 años. No obstante, puertas adentro, el país se divide entre quienes están a favor de la despenalización y los que están en contra de la misma. La historia de nunca acabar.

La tipificación del consumidor como delincuente -como no podría ser de otra manera-, vino de la mano de Jorge Rafael Videla en 1978, cuando en el “fallo Colavini”, los jueces adujeron que el uso de drogas va mas allá de un mero vicio individual para convertirse, por la posibilidad de su propagación, en un riesgo social que perturba la ética colectiva. Algunos presentes y cercanos al entorno militar dijeron que luego del fallo, Jorge Rafael dijo que los que se drogaron “algo habrán hecho”. Una lastima que no haya pensado lo mismo cuando Massera se tomó dos vasos de whisky y le declaró la guerra a Gran Bretaña, algo que sin lugar a dudas dañó algo más que la ética colectiva en forma irreparable.

Es decir que en nuestro país, en la actualidad, el consumidor es virtualmente peligroso sólo por consumir. Dicho de otro modo, el faso o lo que fuere es el prólogo o la antesala de agarrar un chumbo y salir a robar. Comete esa verdura.

Bush se la come, -a la verdura- y por eso militarizó la cuestión. La joda le salió más de 500 billones de dólares y aún así no pudo parar a los narcos y al negocio del tráfico. No obstante, eso no lo llevó a considerar que su mecanismo fue erróneo. Todo lo contrario, hoy Estados Unidos sigue perfeccionando y justificando a contrapelo intervenciones territoriales y desapariciones de personas por esta causa. Algo habrán hecho.

Les dejo un dato para que lo mastiquen en sus conciencias: La producción de cannabis en el país de Bush vale más que la del trigo y maíz juntas, y Estados Unidos es un país cerealero por excelencia. Comete esa verdura.

No obstante, George no se sonrojó al afirmar e indignarse con distintos países sudamericanos por su política contra las drogas. A mediados de septiembre del año pasado aseguró que el gobierno boliviano había fracasado en sus obligaciones en la lucha contra el narcotráfico y se dio el lujo de designar a Bolivia, Venezuela y Myanmar como países que fallaron ostensiblemente en el último año en cumplir con sus obligaciones dentro del marco de los acuerdos internacionales contra las drogas.

Volviendo al eje de la cuestión, en abril del 2008 el gobierno lanzó una encuesta domiciliaria sobre el consumo de drogas que ofendió a la iglesia, la sociedad y a los consumidores en partes iguales.

La institución eclesiástica puso el grito en el cielo y tildó a la medida como un despropósito porque contenía algunas preguntas “capciosas” entre las cuales se destacan: ¿Consume pasta base, marihuana o cocaína? ¿Ha sentido un deseo tan grande de fumar marihuana que no pudo pensar en nada más? ¿Lo ha hecho a pesar de que no tenía intención? ¿Ha notado que la misma cantidad tiene menos efectos que antes?

A la plebe, en cambio, le ofendió que a la encuesta la haya realizado el INDEC, ya que se especula que la inflación también sea dibujada sobre la marihuana; y a los consumidores les molestó que se obviaran preguntas necesarias como por ejemplo ¿Con qué bajonea luego de fumar? Ya que tamaña omisión los deja desprotegidos post acto y los hace dudar de la posible contención social que quiere brindarles el gobierno. Se sabe: panza llena, corazón contento.

Sea como sea, y a diferencia de lo que conservadores y religiones creen, la sustancia que mayor efecto criminógeno genera es el alcohol. Así lo demuestran la gran cantidad de accidentes viales y violencia doméstica.

Scioli parece no estar de acuerdo con la medida, ya que según el gobernador de la provincia de Buenos Aires cuando se encuentra a alguien con tenencia de drogas no se puede diferenciar si las va a usar como simple consumo personal, si estamos frente a un adicto a recuperar o si va a ser el motor para que cometa cualquier crimen como matar, robar o violar. En esta misma línea de pensamiento, parece estar la ex primera dama y actual senadora nacional por el PJ, Hilda “Chiche” Duhalde, cuando asegura que el consumo quita las inhibiciones y facilita hechos delictivos como los crímenes y hasta los descuartizamientos.

Habría que preguntarse que pasaría si esos pibes no se murieran de hambre y no tendrían que robar para comer. Además el consumo creció considerablemente en aquellos sectores que no se privan de tener las mejores zapatillas, la educación mejor paga y asistir a los boliches mas caros.

Un claro ejemplo de ello, es el aumento del uso de las llamadas drogas de diseño, como el éxtasis y el cristal. Un informe dado a conocer por la oficina de la ONU para las Drogas y el Delito (Onudc) asegura que el consumo mundial de estos estupefacientes ya supera al de la cocaína y la heroína juntos.

En total, la producción mundial por año de estas sustancias es de 500 toneladas y mueve alrededor de 65.000 millones de dólares. En nuestro país alcanza los 5 millones de pesos al mes. La olla se destapó con el triple crimen de General Rodríguez que delató la falta de controles por parte del Estado sobre los peces gordos de la efedrina; aunque en el mundial de Estados Unidos 94 cuando le cortaron las piernas a Diego, se pudo vislumbrar un presagio del flagelo que a posteriori iba a estallar.

Tanto se ha incrementado el negocio de los anfetamínicos que por la Cámara de Diputados de la Provincia ya circula un proyecto de ley presentado por la diputada provincial por la UCR, Cecilia Moreau, que obligaría a los boliches, en lugares cerrados y abiertos, a disponer de dispenser de agua. La iniciativa no tiene como objetivo combatir el tráfico de estas sustancias, pero si cuidar la salud de los que acceden a ellas previniendo la deshidratación de los jóvenes y de paso evitar que los propietarios hagan negocio con la venta del H2o.

Ahora que lo pienso bien, este Cherasny no era tan malo, era un progre liberal de verdad cuando afirmaba que: “a los jóvenes sexo, porro, alcohol y rock and roll”, aunque medio nazi en eso de darle palos a los motochorros.

Sólo por si hace falta aclarar el tema y para sacar algunas consideraciones finales, la ley en nuestro país condena con el mismo peso a aquel que se fuma un porro en una plaza o donde sea, que a un narcotraficante que se enriquece a costillas del negocio ilegal. Éste es el único caso nacional donde la ley es igual para todos.

La constitución es el dealer de la inconstitucionalidad. De este modo nuestra justicia, aparte de ser lenta pierde tiempo buscando un castigo para alguien que deliberadamente se fuma un faso en una esquina o se aspira un gramo de merca en el baño de un bar, mientras los peces gordos reproducen a diestra y siniestra la feria de La Salada a nivel estupefaciente.

Además, según un informe de la Unidad Fiscal de Drogas: el Estado gasta al menos 5.000 pesos cada vez que procesa a una persona que se lo encontró -in fraganti- fumando, y al menos el 80 por ciento de los recursos se depositan hoy en causas judiciales sin sentido, como aquella que se le inició a Calamaro cuando en un recital en la ciudad de La Plata esbozó el famoso “que linda noche para fumarse un porrito”, y el peso de la apología le cayó sobre su espalda.

Para sintetizar la cuestión, nada mejor que las palabras de Keith Richards cuando afirmaba “Nunca tuve problemas con la drogas. Sólo con la policía”.

viernes, 16 de enero de 2009

LAS MALAS PALABRAS




Hay palabras con las cuales no puedo convivir. Las escucho y generan en mí, la misma sensibilidad en los dientes que oír el ruido que provocan dos bloques de tergopol frotándose uno con otro: me irritan. Y tan solo basta pensar en ellas, para que un súbito escalofrío recorra a velocidad luz el diámetro de mi tórax.

Es más fuerte que yo, las leo y experimento la vieja sensación vivida por Carlos Alberto García Lange, cuando a los cuatro años de edad escuchó que la guitarra del maestro Eduardo Falú, tenía una cuerda desafinada que perturbaba sus orejas, y descubrió –para sorpresa de propios y ajenos- que tenía oído absoluto. La nota que desafinaba era La. Las palabras que no puedo tolerar dentro de un texto son: prisionera, hechicera y todos sus derivados. Me parecen propias de una letra inspirada en una canción del grupo mejicano Maná y en consecuencia, me empalagan y me dejan zumbando los oídos.

Hay una cuestión de fondo, no obstante, que merece ser desentramada y que surge como causa y efecto de la importación de grupos y solistas que desde América Central invaden el mercado nacional y llenan estadios de futbol, auspiciados bajo la marca de cualquier telefonía celular y la exclusividad para algún canal de aire o cualquier incordiosa FM porteña de hits latinoamericanos.

Es otra de las catástrofes que luego del hambre, la pobreza, la desocupación, la polarización de la riqueza y la explotación del hombre por el hombre nos aportó la globalización. Cuando el gen europeo se entrometió en América Latina nos dejó la matanza indiscriminada de los indios nativos que poblaban este suelo, la esclavitud, millones de pestes, lepra, enfermedades venéreas y hasta caries. Hoy, los efectos póstumos de la guerra fría nos dicen que a todo lo anterior, se le suma la insoportable carga emocional de tener que saber que por el resto de nuestras vidas, vamos a tener que soportar a Chayanne, Arjona y Juanes, entre otras miasmas.

La Proclama insurreccional de la Junta Tuitiva en la ciudad de La Paz del 16 de Julio de 1809 citada por Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina, persiste en el siglo XXI con tanta o más fuerza que ayer: “Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez”.
En efecto, presenciamos la banalización de la cultura y la domesticación de nuestros oídos, cuyo signo más frecuente y evidente es la impostergable necesidad de convivir con el televisor de fondo postrado en Muchmusic o el tarareo inconsciente de algún estribillo nefasto. Eso, claro está, hasta la hora que llegue Bailando por un Sueño o El Muro de Marley.

Estamos frente al apocalipsis del rock con un sentido y una dirección. Atrás quedaron las discusiones entre Los redonditos de Ricota y Soda Stereo, en cuanto a la forma de encarar las letras en la construcción de una cultura rock que se encontraba frente a la reapertura democrática, atrás quedó Gieco huyendo despavorido de la persecución militar, atrás quedó la acidez de Solari y Charly se está recuperando en la quinta de Palito Ortega en Lujan.

Pero para juzgar, es necesario que tengamos un acercamiento más acorde a nuestro objeto de estudio. Elegí hoy, por ejemplo, una letra al azar de Ricardo Arjona y me propuse llevar adelante un pseudo análisis de su discurso. La canción se llama “De vez en mes”. Observemos:

“De vez en mes con tu acuarela,
Pintas jirones de ciruelas,
Que van a dar hasta el colchón”
La letra más adelante continúa de esta forma:
“De vez en mes un detergente,
Se roba el arte intermitente,
De tu vientre y su creación”


El autor apela al ciclo menstrual femenino con un coctel peligroso de sustantivos y sintagmas bastante particular. Sabido es que el 90 % del publico de Arjona se construye del sexo femenino y del 10 % restante, un 7% son hombres en vías de declaración hacia alguna mujer o con ganas de; y el 3% que sobra se reparten entre homosexuales y bisexuales. No me juzguen, soy tan creíble como el Indec.

Ahora bien, tamaña conjugación de palabras me parece un exceso de melosidad por demás empalagante del cual, hasta la más feminista de todas sus groupies debería repudiar. La mayoría del sexo femenino está creído que cualquier estrofa de Arjona es una epopeya de artilugios prismáticos incomparables, que reivindican la figura de la mujer. Ricardo lo sabe muy bien y en consecuencia explota su morfología y con ella, su impunidad. Mujeres: les están tomando el pelo. Es necesario ponerle un freno a todo esto porque no se sabe hasta donde, este tipo de personas pueden llegar en un futuro.

Pasemos a algo menos implícito pero igualmente horroroso. El ejemplo de Mana es imperdible:

“¡Ay! Qué bonitos ojos,
¡Ay! Qué bonita boca,
Es una hechicera
Una seductora
Es una hechicera
Una seductora
¡Ay! Qué bonitos ojos
¡Ay! Qué bonita boca
¡Ay! Soy su prisionero
Y me reviento en deseo”.

Los mejicanos, en cambio, emplean al abuso de la onomatopeya y a la incesante repetición de las palabras “seductora”, “hechicera” y “prisionero” y ya está: ahí sale despedido el hit.
Acerca de esto, solo tengo para decir que cualquier puto parecido con Pomelo, el personaje estrella de rock que Capusotto encarna en su programa, es mera coincidencia. Comentarios huelgan. Hay veces en las que es mejor no decir nada y otras en la que ya no hay más nada para decir. Creo estar frente a ese tipo de situación. Al igual que la Jelinek, lo dejo a tu criterio.

Resignado, volví a olfatear una serie de libros apilados que tengo en la pieza y para fortuna y sosiego de mi mente, encontré un libro de poesías de Bukowsky que devoré en minutos. A propósito de ello, me pareció interesante citar una de ellas. Se titula “Confesión”:

Esperando la muerte,
Como un gato
que va a saltar sobre
la cama.
Me da tanta pena mi mujer.
Ella verá este cuerpo
blanco, rígido.
Lo zarandeará una vez,
Y luego quizás otra:
Hank!
Hank no responderá.
No es mi muerte lo que
me preocupa, es mi mujer
que se quedará con este
montón de nada.
Quiero que sepa,
sin embargo,
que todas las noches
que he dormido a su lado,
incluso las discusiones
más inútiles.
Siempre fueron
algo espléndido.
Y esas difíciles
Palabras
Que siempre temí
decir,
Pueden decirse
ahora:
Te amo.


Bukowsky nunca llevó una vida ordenada, nunca encabezó ningún recital o conferencia bajo la exclusividad de algún canal o la promoción de alguna compañía de teléfono celular. Nunca se peinó, nunca se arregló. Fue alcohólico y drogadicto. Se levantó mil veces hecho un asco, nunca supo de horarios y gimnasio, nunca obedeció ninguna regla y además nunca le escribió a la menstruación. Con una lata de cerveza, en diez minutos podía decir lo mismo que Arjona y Mana nos dicen en toda su discografía.

Tarde en la noche, hacía zapping y encontré en Crónica –sí, en Crónica- una conferencia de lingüistas de hace algunos años atrás. Entre una serie de exponentes, estaba el negro Fontanarrosa, quien casualmente al momento de mi exploración televisiva detentaba la palabra. Fontanarrosa pedía una amnistía para las malas palabras y exigía una redefinición de todas aquellas palabras que hasta ese momento se rotulaban como malas. Luego de su exposición, el plenario quedó a sus pies.

Caí en la conclusión de que el negro salió bien parado otra vez. Entonces, obnubilado por la capacidad de exposición de Roberto, me doy cuenta que una leve sonrisa se dibuja en mi cara y que hace cierto lapso de tiempo que no parpadeo. Es eso, me digo. Fontanarrosa tiene razón. Ojala vuelvan los escritores como él y Bukowsky, los escritores sin horarios, sin gimnasio, bocones, despreocupados, caraduras. No esta manga de abstractos que se panfletean en la FM 100, Hit o Disney, promoviendo la liturgia de la banalidad y esperando que la masa abarrote las góndolas de Musimundo comprando su última pedorrada.

Esos escritores al igual que Luca, se iba a tomar una ginebra con gente despierta o cenaba en la mesa de los galanes. Imagino el paraíso como una gran mesa de bar, en la que personajes de este vuelo intelectual y capacidad de observación se hagan cargo de las conferencias de lingüística y llenen las tapas de los diarios. Lo demás puede esperar.

sábado, 3 de enero de 2009

ESCRIBA, URIARTE, ESCRIBA

Necesito de estos estados, no hay duda. Para escribir, digo, necesito de estos estados. Aquellos que experimento cuando siento que las cosas que mantenían un status quo lineal, sufren lo que Isaac Newton definió como ley de gravedad.

No sé que es. Si un refugio, una seguridad, una manía, una puta costumbre o una fetiche canalización. No sé, ni me importa. Me hace bien o al menos eso creo. Porque ahora que empiezo a escribir y vomito todo de repente, noto cierta anestesia mental que me permite dar una amnistía a todas las cosas que me atormentan y me invaden el marote, generando en mí, un brote psíquico con rasgos paranoicos y esquizofrénicos de los cuales con seguridad quiero huir, pero no sé si puedo. Al menos sé que escribo, aunque no sepa bien qué, tengo una certeza: es terapéutico. Mi vecina hace yoga, mi vieja teje, yo escribo.

Para Chuck Palahniuk, la escritura es un acto solitario, lo contrario a lo que su sociedad llama el “sueño americano”. Es dejar que suene el teléfono, que se acumulen los e-mails, hasta que se llegue al límite de la tristeza y en efecto, nos veamos obligados a volver al mundo exterior a relacionarnos con la gente. Creo que en cierta forma me pasa lo mismo. Cuando escribo necesito soledad, necesito aislarme de toda la mierda y ante cualquier eventualidad que me perturbe, reacciono como un rottweiler que presiente que su comida está siendo amenazada por alguien ajeno a su entorno. Me desconozco.

Hoy, por ejemplo, me pasa algo bastante particular: acabo de caer en la cuenta de que estoy luchando por una causa perdida, y en efecto, estoy sufriendo el golpe shockeante que me hace besar la lona y me sitúa en una realidad que tanto presentí que pasaría y de hecho está pasando. Así, en gerundio, sin pretéritos perfectos o futuros inmediatos, está pasando, ahora, mientras escribo y liquido el último vaso de whisky. Sino, ¿Qué otra causa me puede estar reteniendo a permanecer hasta las cuatro de la mañana frente a un monitor en la madrugada de un domingo con tantos bares abiertos? Absolutamente nada. O mejor dicho, solamente esto que siento y que se está materializando en esto que escribo y que no sé en que mutación puede derivar.

Al igual que Descartes, en estas situaciones me propongo evitar la precipitación y al mismo tiempo, actuar con cautela. Pienso, luego existo, porque creo estar ante una verdad y porque sobre todas las cosas necesito distinguir en lugar de ver, para que mis sentidos propensos al engaño por argumentos flojos, no caigan en el subjetivo error de creer que estoy por tomar una decisión equivocada ante abominable panorama invasivo. Es cuestión de tiempo, pienso, y ahora sí, soy yo el que se vuelca famélico a escribir porque es la anestesia que me impongo cuando estoy atormentado de sentidos, que al igual que los géneros nunca suspenden sus mutaciones y me miran con cara de póker, mordiéndose la lengua, mientras esperan pacientes que caiga rendido a sus pies. Esta vez, no me verán arrodillado. Escribo, luego existo.

A Rafael Cippolini, un ensayista full time, activista patafísico, kamishibaísta y curador intermitente, que hace poco volvió a irrumpir en la escena con “Contagiosa Paranoia”, el otro día le leí una declaración en una revista cultural de un diario muy conocido, con la cual también me sentí identificado. La cita era la siguiente: “Cuando vos estás escribiendo un ensayo estas investigando qué te pasa con algo a vos. Hay una exploración personal cruzada con una hipótesis”. Luego de eso, no puede evitar pensar que Cippolini me había leído la mente. Porque incluso ahora, estoy escribiendo para develar eso que me pasa o al menos tejer conjeturas que me lleven a buen puerto.

Pensando en la impostergable sensación de tener que afrontar aquello que nunca quise. Tirado en el sofá de casa con una manta y la mirada clavada en el techo, caí en la cuenta de que hay momentos en los que no me soporto a mí mismo. Que el ser humano ante las situaciones de peligro y paranoia se reinventa forzando su exigencia, que desde hace un tiempo me levanto por las mañanas y experimento la misma sensación que Gregorio Samsa en “la Metamorfosis” de Kafka. Que ya no soy yo y que me esperan una chorrera de días nublados.

Sólo a modo de conclusión, antes que la nebulosa eclipse la verborragia y entienda que esta nota tiene futuro de autodestrucción en algunos minutos más, y también, -¿por qué no?- como colación de todo lo anterior, quisiera manifestar una última cosa: ayer leía dos cuentos de dos escritores que me fascinan y que creo, son de lo mejor que he leído. Uno de ellos se llama “Los pocillos” de Mario Benedetti, el otro es “Carta a una señorita en Paris” de Julio Cortazar. El día que las cosas que creía estables comiencen a sufrir lo que Newton definió como ley de gravedad y el sentimiento primero opresivo en el pecho y luego atormentante en la mente me lleve a escribir algo similar, me sentiré realizado en la vida. Supongo, que al igual que Neruda, confesaré que he vivido y sólo para parafrasear a Freud diré lo mismo que dijo cuando termino de escribir “La interpretación de los sueños”: “a partir de ahora sólo me queda dedicarme a envejecer y a morir”.

Por el momento me quedo así, inmóvil como el naufrago de Hanks sin el señor Wilson, pero en mi sofá. Disfrutando la tormenta.

martes, 30 de diciembre de 2008

POR FAVOR, PERDÓN Y GRACIAS


Voy a volver al ruedo, no sin antes pedir perdón. Es justo y necesario que lo haga. ¿A quién? Al que se sienta identificado, a los que me leyeron o a los que creen que esta disculpa les corresponde.

Un breve periodo de reubicación junto a los avatares que una crisis mundial, mas los espasmos derivados de un desengaño amoroso en tiempo y forma, han sido los cómplices de las intermitencias.

No obstante, tanta ausencia puede justificarse. He vuelto, un tanto renovado, con nuevas cosas, con crónicas, con cuentos, con informes y con la entera convicción de que no soy digno de entrar a sus monitores, pero una palabra suya bastara para que me vaya.

Si me mareé fue por devoción. Sabrán disculpar…

Show must go on.

Feliz año!

No hagamos un drama de todo esto, reservémoslo para la despedida.

viernes, 26 de septiembre de 2008

LOCA COMO TU MADRE


ADVERTENCIA:

"Si usted esta felizmente casado o conyugalmente completo, por favor absténgase de leer esta nota. El autor, no se hará cargo de los efectos colaterales que derivan de una perspectiva magra de eso que llaman “amor”. Ante cualquier duda lea el prospecto o consulte a su médico de cabecera".
El autor


Ayer me puse a pensar acerca de las probabilidades de enamorarse que tiene un hombre a lo largo de su vida. Caí en la conclusión de que nos enamoramos una vez, dos a lo sumo. Las demás, tranquilamente pueden encasillarse como calenturas pasajeras y son derivadas de un buen par de tetas o un culo medianamente admirable.

Deseamos lo que nos es efímero, vemos esas vedettes en la pantalla grande y se nos cae la baba, le juramos mil orgasmos, mil perversiones sexuales, pero todo se desvanece en el aire, por la simple razón de que si las tuviéramos, seguramente tendríamos sexo diez minutos y después dormiríamos dándole la espalda o le pediríamos amablemente que se vaya de casa.


Seamos sinceros, nadie soportaría un sólo monólogo de su boca. Imaginen cualquiera de esas rubias taradas contándonos que hoy a la tarde fue de compras. Escalofriante.

Entonces, caemos en la conclusión de que el hombre no quiere ser amado. El hombre quiere que lo escuchen y punto. Lo demás es secundario y puede amoldarse. Y que tarde o temprano, buscamos en una mujer, una madre. Una madre con sexo, pero una madre al fin.

Somos los eternos nenes de mamá. Nos guste o no, estamos condenados al edipismo; porque después de todo, ¿qué sería el Complejo de Edipo sin nosotros? Nada.

Que se enoje Sartre, pero no sólo entre el tiempo pasado y el presente; o el presente y el futuro hay nada. Sino también hay nada dentro de la cabeza de esa rubia con la que te acostaste ayer y que hoy no queres ver más. (¿Por qué siempre tienen que pagar los platos rotos las rubias?)

En fin, de ser menester que así sea, me haré cargo en el mas allá por los perjuicios ocasionados contra la reputación y credibilidad del francés. Lo indemnizaré, lo invitaré a cenar o le pasearé el perro, no lo sé. Bienvenido sea. Me importa poco, pero yo creo que su ensayo “El ser y la nada” está al menos incompleto.

Tranquilamente podría titularse “El ser, la nada y la rubia platónica que esta en la barra de un bar y que después no vas a querer ver más” (Habría que sintetizarlo, eso sí.)

Son tiempos difíciles para el amor. La vorágine nos chupa e indefectiblemente terminamos militando en el escepticismo sentimental. En fin, Calamaro, uno de los músicos mas romanticistas que he visto, ha dicho cosas muy coherentes y otras no tanto, pero sin dudas lo mejor que le escuche decir fue "no se puede vivir del amor".

Personalmente, creo que para embanderarse tras una afirmación de este tamaño, primero hay que saber que es el amor. Uno, en esta esfera no es ateo por naturaleza, sino artificialmente. Es decir, que se transforma en anarquista luego de haber tenido un desengaño amoroso importante. Agnóstico no se nace, se hace.

Y aquel que todavía no encontró el amor, lo esta buscando para en todo caso, convertirse después en un fundamentalista taliban en busca de Cupido, al que en uno de los actos más injustos en la historia de la humanidad, nunca demandaron por portación ilegal de armas. Ser su gangster de la guarda, el sueño dorado de papá que se divorció al año de conocer a mamá.

Esto, claro está, descartando a los que son correspondidos amorosamente y militan del otro lado del río. Los que “son felices y comen perdices” (y todos odiamos). Los que cuando se pasen de nuestro lado, le vamos a repetir una y otra vez que nosotros ya sabíamos como iba a terminar con esa loca, que se lo dijimos y que nunca nos quiso escuchar, que tenía várices, además del 100% de la culpa de su calvicie. Es causa y es efecto.

Ok, aceptemos la parte de culpa que nos toca. Solemos vender un producto que no podemos llevar adelante y la construcción teórica es desde la partida: utópica e insostenible. Pero tampoco esperen flores de los que recibieron palos, sabido es que la rabia nunca murió.

Al igual que Antoine De Saint-Exupéry en el prólogo de El principito, pero a diferencia de que lo hago en uno de los párrafos finales, voy a pedir perdón. No a los niños como lo hizo él, sino a aquellos lectores que en la actualidad experimentan flotar en el auge del ecosistema conyugal. A ellos, les pido que sepan disculpar la acidez y el bajo nivel de autocrítica.

Tengo para objetar, no obstante a mi favor, lo mismo que Freud dijo luego de que un limitado público de lectores leyera por primera vez “La interpretación de los sueños” allá por 1900, “reconozco que mis ideas son odiosas y conducen al desánimo”.

Asimismo, prometo -aunque a nadie le importe- otro día hacerme cargo de los muertos que aun respiran en mi placard. Del mismo modo, me comprometo en un futuro no muy lejano (imperfecto quizás), cambiar mi postura trágica de eso que llaman amor.

Hoy no.
Me duele la cabeza.

domingo, 14 de septiembre de 2008

EL ROCK NO ES UN TARADO DROGADO

El rock no es un tarado drogado. La cita corresponde a la última entrevista que Luis Alberto Spinetta dio para la revista C del diario Crítica. Spinetta la utilizó para definir el rol que el rock ocupa en la actualidad frente al surgimiento masivo de otros géneros musicales; y los de la revista C, utilizaron la frase para titular la nota.

Humildemente y desde mi punto de vista, creo que la frase sirve también, para enmarcar la concepción que los medios y el común denominador de las personas han adoptado de Charly García.

Más allá de los desbordes de García que -sin lugar a dudas- merecen su debida atención. No puedo evitar infundir cierto esbozo de desagrado frente a la banalización de alguien que marcó a fuego la cultura del rock nacional y redefinió los espacios y las formas de comprender la música y ejecutarla, al menos con veinte años de adelantamiento conceptual.

La semana pasada, leía una nota de contratapa del mismo diario en donde el fundador de Cerdos y Peces, Enrique Symns, aseguraba que el periodismo terrorista se había encargado de convertir a los consumidores de cocaína en depravados peligrosos o en víctimas de una enfermedad mortal.

En este sentido y siguiendo la línea editorial del autor, hay dos personajes que saltan a la vista del entorno nacional y supieron encasillarse dentro de estos parámetros. El primero de ellos es Diego Maradona, quien encarnó el rol del consumidor arrepentido y enfermo. El segundo es Charly García, quien desde el bando opuesto, exteriorizó su adicción y se hizo cargo de los desmanes provocados del consumo reincidente.

Desde el salto a la piscina desde un noveno piso y los destrozos en el hotel Hyatt o Solaz de Mendoza, pasando por la imagen de una cara destrozada tras un show en la trastienda donde el músico pretendía pasar 24 horas tocando, hasta la confirmación del parte médico que lo declaró con un cuadro de neumonía, desnutrido y psicológicamente desbordado, todo parece caer en el embudo facilista de la trituradora de ídolos.

Hace un tiempo a esta parte que García sólo es noticia por sus escándalos. Pero eso no significa que sólo haya echo escándalos, eso significa que la prensa terrorista prioriza hacer foco en ellos y no en la otra parte que produce e intenta generar nuevos espacios. Los medios se volvieron excesivamente dionisiacos con García. Y eso, no es exclusivamente una operación mediática realizada con Charly. La picadora de carne también opera a distintas escalas y con otras personalidades.

No importa la figura, cambia la cara pero no la forma y el ejecutante. Es el mismo periodismo que se agolpó contra la puerta de entrada de la quinta de Maradona en 1994 y después lo crucificó porque este les disparó con un rifle de aire comprimido para que lo dejaran tranquilo.

El periodismo talibán se encarga de mostrar y reforzar el lado monstruoso de las figuras, pero se indigna y se victimiza cuando las mismas actúan de forma monstruosa contra ellos. Bancate ese defecto.

No hace falta profundizar la cuestión para saber de que se habla, la prensa terrorista se regodeó con su imagen boca abajo, maniatado y balbuceante, con secuelas de sangre en los pies y la espalda en junio de este año. Pero la catarsis mediática de García, evoluciona desde hace tiempo. En abril del 2007, una foto de Charly aparecía en la tapa de la revista 7 días y se titulaba “Síndrome Diego”, la bajada de la misma alegaba: “Como el Diez, está arrasado por el alcohol. Se peleó a cuchillazos con su hijo Migue, encerró a 5 prostistutas, les quedó debiendo $10.000 y estuvo internado 48 horas en secreto. A los 56 años, entre el psicótico adolescente y el suicida adulto”.

Para algunos especialistas, García experimenta el síndrome del fade out. Su vida se va apagando, al igual que el recurso que los músicos utilizan cuando no le encuentran un final apropiado a una canción y en consecuencia le bajan el volumen. Para otros, las actitudes de García se generan debido a que la cocaína succionó toda la adrenalina de sus neuronas.

Fue Luca Prodan quien una vez le dijo al mismo Symns las invariantes del consumo desmedido, “la heroína por lo menos te mata, la cocaína te acompaña hasta la muerte.” Eso, es algo con lo que García tendrá que convivir y que es inseparable al personaje. Como también lo es, que los medios siempre hagan foco en los destrozos que ocasiona.

No es la primera vez que García sufre una internación. Hace 14 años, su madre lo recluyó en un manicomio con chaleco de fuerza incluido. El episodio se ganó el repudio del músico con su familia. También sufrió otros encierros, que fueron secretos y que duraron apenas días y no semanas, como aquella otra internación en una clínica de desintoxicación o la actual en el instituto Avril de Almagro, donde valga la redundancia, Maradona se recuperó de su última crisis. Los paralelismos asustan.

¿No te da miedo vivir así? Le preguntaron en el 94 a Charly. A propósito, el artista objetó: “No, me gusta, es parte de la religión. Los que tienen miedo se van antes. Lo que pasa es lo de siempre: si me tiño el pelo o si me interno, soy tapa de los diarios. Si me dieran la mitad de ese espacio cada vez que saco un disco, vendería millones”.

La cita reflota en la actualidad con más vitalidad que nunca. Hoy García tiene un disco sin estrenar y a medio terminar circulando por Internet. La prensa sólo se hizo eco del mismo, como complemento de una pelea entre él y su hijo Migue. Say no more.

Hoy Charly se siente solo, en su última nota dada para la revista Rolling Stone, asegura que las únicas personas que no lo cagaron en la vida fueron las putas, la policía y sus fans.
Lo acusan de coquetear con la muerte. Cuando ésta le llegue, seguramente dirán que fue un genio incomprendido. Para ese entonces, los medios ya habrán saceado sus miasmas y se subirán al vomitivo transe de informes recordatorios y notas en su memoria. En vida nunca lo cuidaron, pero se van a jactar de que sí.

Charly no es un tarado drogado que divierte a la gente, mientras el público medio, desde su sofá, se asusta o se ríe de lo que desata a la salida de un show o puertas adentro en un camarín.

Verte así no es el modo de verlo, esa es la rapsodia de los que decoran el tiempo. Porque como dijo Spinetta para la Inrockuptibles de Agosto: “Si un artista no se respeta a sí mismo, a fondo, se mutila. Y luego no aparecen las alas… Nunca más”.