martes, 28 de julio de 2009

ANARQUISTAS DEL AMOR (6º Parte)


Cuevas:

Que extraña su última carta. Cuan contradictoria puede ser la vida y cuantas veces un ser humano puede incurrir en blasfemias irracionales frente a alguien que nunca tomó una postura bélica en esta cuestión y sólo se delimitó a tratar de sacarlo de ese pozo profundo en el que está sumergido.

Me duele tener que soportar filosos intercambios con una persona que creía intelectualmente liberal y abierta a los vientos de la vida; pero que viéndolo a la distancia propaga irracionalidades postradas y conservadoras que piden a gritos la eutanasia.

Usted no lo ve porque no puede. Sufre una especie de catarata cognoscitiva sumado a una interesante aniquilación del yo, que repercute en forma nociva el feedback entre ambos. De manera tal, que estoy en condiciones de afirmar que esta relación epistolar ha entrado en el túnel de la comunicación lineal, en la cual, yo soy el transmisor y usted el receptor. En la que –solo rigiéndonos por términos de superioridad del coeficiente- yo soy su maestro y usted mi alumno. En la que -rigiéndonos por términos de experiencia y capacidad para afrontar situaciones adversas- yo soy su padre y usted mi hijo.

Le suplico ya, tenga al menos la compostura, de sentarse, leer con atención y asimilar hasta donde pueda.

Su modo de justificar a Kant es en cierto punto inteligente. Usted planteó que “sobre esto no quisiera polemizar demasiado”, en un claro signo de desgaste ideológico e inferioridad racional en el debate. En el lunfardo lo llaman “abrir el paraguas a tiempo”. Me alegro que de a poco se empiece a dar cuentas de sus limitaciones.

No obstante, déjeme decirle algo que creo pertinente al contexto, para evitar reacciones fascistas que impulsan sólo un modo de interpretar al amor. Así como usted tiene su ética, yo tengo la mía, muy diferente a la suya (gracias a Dios) y un tanto más sociable, por cierto. Porque como diría Marx, no Karl sino Groucho, “Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros”.

En fin, Cuevas, no todo es blanco o negro, también hay matices, hay grises en el medio. Usted es un extremista y eso es una postura que debe corregir. Se lo digo como su guía espiritual, su norte, usted anda naufragando por los mares oscuros de la no relación, a la deriva. ¿Qué pretende hacer con su vida?, ¿esconder la mugre debajo de la alfombra? Sinceramente se lo digo, me ha despertado una figura paternalista del hijo que nunca tuve (pero que no tardará mucho en llegar), mientras tanto, lo educo a usted.

A mi entender, está negado con la vida porque en estos momentos, está atravesando la segunda de las tres etapas de lo que Hegel definió como método dialéctico.

Veamos… creo que lo que usted está experimentando y que desconoce, es un avance por oposición. Tuvo un primer movimiento: el de enamorarse; pero se chocó con una contradicción: la de no ser correspondido y caer en la conclusión que la persona que usted creía de una manera era de otra.

Ahora bien, entiendo que si sabe abrir las ideas de lo que está viviendo, va a saber encontrar su superación, ya que esta dialéctica de la que me estoy jactando está basada en tres momentos: Tesis, antítesis y síntesis.

Volvamos entonces: usted se enamoró de una persona X, he aquí la tesis de la que Hegel habla, esa es una afirmación. Luego, sufrió un desengaño amoroso, al ver que su novia se acostó con otro y rompió su corazón, he aquí la antítesis, es decir: la negación, el momento en el que usted ahora se encuentra. Pues bien, le tengo una buena noticia, su siguiente paso es la síntesis o sea la negación de esa negación, lo que para el filósofo alemán era la filosofía.

Una vez que entre en esta etapa, indefectiblemente volverá a creer que las relaciones con el sexo opuesto deben sobrepasar la media hora y comenzará a fantasear con la idea católica de “hasta que la muerte los separe”. No se porqué, lo vislumbro de blanco frente al altar.

Sólo a modo de colación y para anticiparme a una posible respuesta suya, le voy a hacer la misma crítica que Marx le hizo a Hegel: “su filosofía es incompleta porque le falta praxis”. Sólo se queda en la teoría y la filosofía le exige algo más, le exige la solución a un problema que es palpable, que usted lo sufre.

Pero eso, Cuevas, sólo depende de sus ganas.

Hasta acá, mis observaciones paternales y educativas. Espero las pueda apropiar. Le vendría muy bien.

Saludos, Watson

Nota: Le adjunto su inscripción al programa de alcohólicos anónimos. Me tomé el heroico atrevimiento de inscribirlo ya que su afición al Martini no le permite caer en la triste realidad de un alcoholismo bastante avanzado para su edad y organismo.
El lunes a las 4 de la tarde tiene usted su primera reunión.

Nota 1: Sí, soy Bilardista

jueves, 23 de julio de 2009

ANARQUISTAS DEL AMOR (5° Parte)

Estimado Watson:

Acabo de recibir su última carta y noté con cierta alevosía y preocupación, que los estupefacientes digeridos por usted en este último lapso de tiempo, han alterado su ya cuestionable capacidad de comprensión de los fenómenos externos de modo irreversible.

¿Está usted enfermo o qué clase de antisemitismo experimenta?

Revindicar a Hume para establecerlo como ejemplo de traumas amorosos, es como usted dijo en su primera carta “pretender que un chapista nos explique la teoría de la relatividad”. Está mordiéndose la cola. Ahora las armas que en un primer momento le servían de batalla, se han vuelto en contra suyo.

Sus argumentos se ahogan en su propio vómito. Perdone mi postura, pero me niego rotundamente a reflexionar sobre tipos que priorizan los sentidos por sobre la razón, porque me parece que rebobinar en la evolución del pensamiento, no tiene -valga la redundancia- sentido alguno.

Además, no puede desprestigiar a la ética porque tamaño despilfarro atentaría contra Kant, que sin lugar a dudas fue el filósofo mas importante para la constitución del ideario de modernidad.

¿Con qué fin Watson? Si podemos comprender por nosotros mismos el mundo y poder progresar en la interpretación de la historia, el amor, la ciencia y lo que usted se imagine.

Pretender volver a concepciones de Hume es asimilar el mundo y sus relaciones en forma errónea, es creer que lo determinante en el acto de conocer las manifestaciones sociales son los objetos y no los sujetos, y eso habla mal de usted como paladín del amor, Watson. Porque de esta forma, está dando lugar a que se tergiverse su reputación dentro de las artes románticas, ya que con facilidad se lo puede acusar de que trata al sexo opuesto como un mero objeto.

Le hago aquí un paréntesis y aprovecho para dejarle un consejo: antes de cantar jaque mate, asegúrese de no descuidar al rey y mucho menos a la reina.

¡Bienvenido al idealismo trascendental! Sinceramente le digo, lo creía mas adelante en la historia. Con lo cual ya puedo vislumbrar otra segunda conclusión de nuestros intercambios epistolares: la convicción acerca del nivel de conocimiento que tiene uno acerca de otra persona es inversamente proporcional a la realidad.

El mundo, Watson, es una representación. Una idea en la mente del sujeto (al igual que las relaciones que un ser humano teje a lo largo de su vida) y todos los giros y las posibles consecuencias que de ellas derivan son lo que para Kant significaban los nouménos, es decir, todo aquello que no se puede conocer y que nos excede. ¿Ve por qué no creo en el amor?

Porque al no tener lógica se nos escapa de las manos, y en consecuencia, tarde o temprano terminamos afectados por las invariantes de las sensaciones que mortifican nuestra sensibilidad. El problema es que una vez que este conglomerado de frustraciones chocan contra uno, no hay ni espacio, ni tiempo que pueda ordenarlas, porque estas sensaciones ya se encargaron anticipadamente de desordenar nuestra capacidad de asimilación anulando toda posibilidad de emitir juicios (al menos de índole positiva). Dicho en otras palabras: nos noquea antes de que empiece la pelea.

Lo anterior, creo que en cierta forma grafica ese abominable panorama invasivo del que tanto le hablé. He aquí mi situación: las cosas me exceden y eso se ha sustantivizado en un descreimiento de toda relación que sobrepase la media hora con el sexo opuesto.

Luego de tamaña experiencia, lo único que le queda a un hombre como yo, es amoldar su estirpe a una ética del deber ser. Una ética deontológica donde intente fundamentar racionalmente las cuestiones de la moral. Es sólo un mecanismo de defensa y sobre esto no quisiera polemizar demasiado ya que tengo miedo a reaccionar de forma indebida.

Sabrá entender mis reservas, sólo expondré que internamente cada uno conoce sus instancias de tensión, que éstas merecen su debido respeto para lograr una autonomía moral que nos permita darnos la propia ley, que es la que va a regir sobre todas aquellas acciones que impulsemos en los distintos ámbitos que frecuentamos, con el único fin de obtener pequeños objetivos que nos hagan creer que flotamos bajo el auge de cierta victoria diaria, para poder ir a dormir con un nivel de tranquilidad aceptable en nuestras conciencias.

Creo que la gente que al pasar frente a una iglesia se persigna siente algo similar a lo que acabo de describir. El amor no es para cualquiera, sabe.

Al igual que Kant, soy un creyente en eso de que todos tenemos una máxima que gobierna el acto de la sensibilidad que antes le nombré, y que esa máxima es nuestro principio del querer. Es el imperativo que me ordena de manera categórica cómo debo obrar. Y en mi caso, ese principio me dice que no vuelva a confiar nunca más en una mujer. ¿Entiende?

Usted es platónico Watson, yo soy realista. No existe ni la democracia, ni la república, ni el amor perfecto. Desengáñese. Las cosas tienen movimiento y usted se está estancando por querer ser el fundamentalista de la utopía en el siglo XXI. El contexto no lo favorece e indefectiblemente termina construyendo castillos de arena.

En este sentido, Aristóteles tenía razón cuando aseguraba que la democracia era algo nefasto porque desembocaba Irremediablemente en la demagogia. Yo creo que al personaje que usted montó, le pasa algo similar pero en el amor.

Pero lo que más me preocupa es que esta ficción se lo devoró por completo y con ello su capacidad de distinguir las cosas, que es mucho más importante que verlas.

Déjele el trabajo de Cupido a Cupido, que por cierto tiene pedido de captura internacional.

Suyo, “Beto” Cuevas.

Nota: El vino es para maricones y gente sin clase.

Nota 1: Creo pertinente que sus citas de Sartre sean dejadas de lado ya que este basó su relación con Simón De Beauvoir en la honestidad y la libertad. Cada uno poseía independencia económica, sentimental y sexual. Nunca se casaron, nunca vivieron juntos y nunca tuvieron hijos.
Como lo ve, una relación inusual ya que ni usted, ni yo, pretende lo mismo en una pareja.

Nota 2: Sí, soy Menottista

Nota 3: Seguramente usted es Bilardista

domingo, 19 de julio de 2009

ANARQUISTAS DEL AMOR (4º Parte)

Cuevas:

Usted es un anarquista. Tenga cuidado con el consumo desmedido de alcohol que creo a esta altura, incrementó considerablemente la propagación de palabras sin sustento teórico y mucho menos, fundamento práctico. En la calle las llaman “boludeces”.

Además, y por otra parte, no quiero imaginar la cara que pondrían estos pensadores al ver con la desfachatez que usted los utiliza para ejemplificar una realidad que nada tiene que ver con lo que ellos conceptualizaron. Le pido un favor: no ponga palabras en la boca de nadie, mucho menos de filósofos de excelente reputación y reconocimiento. De esta manera se ahorraría papelones entre los cenáculos intelectuales que usted frecuenta.

En cuanto a su calificación de la nada como a aquellas aplicaciones que yo le hice sobre su estado, sepa que no puedo evitar esbozar cierto gesto de desagrado con sus principios. Después de todo, le estoy dando una mano que le permita enfrentar semejante panorama y yo no tengo la culpa de ser feliz y correspondido amorosamente.

Aun así, sería poco caballero de mi parte no entender lo triste de su situación y dejarlo sólo y a la deriva con lecturas inapropiadas y parciales de la realidad. Mi estirpe y mi estilo me exigen corregirlo.

Para empezar y no mezclar las cosas, le daré una de los conceptos claves para entender el por qué su novia actuó como actuó. Básicamente, usted no lo ve porque no puede abstraerse de su situación, no puede tomar distancia del hecho que tanto lo perturba y angustia.

La palabra “nada” que usted tomó para descalificar es la respuesta a todo y la que yo voy a tomar como carozo de este asunto. Y si como bien dijo usted “las cosas tienen movimiento”, entonces es indefectible pensar que lo que hoy se sostiene, mañana se deje caer. Por ende, si usted hubiese efectuado una lectura menos combativa de Sartre, se daría cuenta de que entre el tiempo pasado y el presente hay nada y lo que separa a este del futuro, es la misma cosa. O sea, nada por aquí, nada por allá.

Nada me asegura que un jugador compulsivo que prometió no volver a jugar en su vida, mantenga la misma decisión cuando el día de mañana vuelva a pasar por la puerta del casino. Entonces Cuevas, afrontemos la realidad y no la esquivemos, su novia ayer pensaba una cosa y hoy mantiene otra que seguramente mutará en otra con el debido paso del tiempo. No obstante, entiendo su angustia y su desengaño que son inseparables de estos procesos y que llevaran un tiempo considerable en digerir.

Le aconsejo –prudentemente- no mentirse a uno mismo porque de ese modo usted está actuando de mala fe e incurriendo en otros de los errores que Sartre advirtió.

En cuanto a Descartes, voy a tratar de ser lo más puntual y punzante que pueda. Si usted tanto se jactó de pensar para luego existir, si usted afirma a rajatabla que intuye y no deduce como hago yo, si usted capta inmediatamente la realidad cosa que yo parezco no hacer, entonces, debería haber advertido hace tiempo que su novia lo engañaba. Es evidente que usted se dejó guiar por su subjetivismo, y eso Descartes nunca se lo perdonaría. Usted Cuevas, es políticamente incorrecto.

Los sentidos nos engañan Cuevas, a usted se le pasó eso. Pequeño detalle elemental: a Descartes no.

Por otra parte y en pos de abrir su espectro filosófico que parece estar bastante percudido, le recomiendo leer a Hume. Es contradictorio que se lo nombre, porque el tipo confiaba en los sentidos y no así en la razón. Pero créame que es necesario tenerlo en cuenta.

Si lo hubiese hecho, desde mi humilde punto de vista, se habría evitado varios dolores de cabeza, ya que hubiese contemplado la posibilidad de que las impresiones sean más fuertes que las ideas. En consecuencia, usted no habría sido tan impulsivo a la hora de inmiscuirse en relaciones amorosas, porque hubiese tomado el recaudo necesario y actuado con precaución esperando que la idea que usted forjó de su novia sea confirmada por una impresión correspondiente. Hay veces en la que no se puede conocer lo que está más allá de la experiencia, ¿sabe?

Una cosa es tener la impresión de una buena mujer y otra muy diferente es la huella que confirma que eso que uno cree es así. Mi excelente estado matrimonial es el mejor de los ejemplos. Permítame ahora si, degustar el licor de la victoria con un soberbio “Jaque mate”

Lo saluda victorioso y danzante, un superlativo Watson.

Nota: Quizás con un Malbec sus consideraciones cambien por completo.

Nota 1: Métase la ética en el orto.

Nota 2: Seguramente usted es Menottista.

martes, 14 de julio de 2009

ANARQUISTAS DEL AMOR (3° Parte)


Watson:

No es ético. Sus lecturas y las distintas aplicaciones de las mismas rememoran en mi lo que el filósofo francés Jean Paul Sartre describió como la nada. Cuesta entender como alguien en quien uno busca un refugio, se atreve a cuestionar interpretaciones tan incuestionables como las mías. A uno lo invade de inmediato una profunda sensación de desesperanza ante tamaña muestra de egocentrismo. ¿Hasta qué punto piensa seguir con la tortura?

Su problema es que goza de un estable estado conyugal, pero créame que las cosas tienen movimiento. Usted ha perdido el sentido de la orientación en forma notable. De otra forma, ningún ser humano que se jacte de pensante en la faz de la tierra podría sufrir una separación entre razón y realidad tan significativa ante una verdad ocasional indeseada para cualquiera.

Seguramente, también, este siendo motivado a responder de esta forma bajo los efectos de la influencia femenina de su mujer, a quien no conozco, pero tampoco me gustaría hacerlo. Le dejo una advertencia antes de adentrarme en el profundo debate catedrático, -que ante su respuesta- me veo en la obligación de continuar para evitar que conceptos erróneos se propaguen como miasmas hacia el resto del mundo.

Aquí va: tenga cuidado con quien se acuesta. Uno nunca termina de conocer a la persona que duerme a su lado, básicamente, por la sencilla razón de que nunca nadie se termina de conocer a uno mismo, y la vida, es lo suficientemente corta como para querer comprender a más de una persona. Después no diga que nunca le avisé.

En cuanto sus lecturas filosóficas, déjeme decirle que puedo vislumbrar un tipo de razonamiento deductivo bastante familiar al silogismo aristotélico que tanto Descartes criticó. En conclusión, su forma de razonar elimina el conocimiento de raíz, ya que no me agrega nada nuevo. Con lo cual, me empiezo a replantear seriamente que me motivó a escribirle por primera vez. Supongo que el hombre en situaciones desesperantes tiene dos formas de actuar, la primera es reinventándose y la segunda es haciendo cosas estúpidas. Yo sin lugar a dudas, he optado por la segunda.

No obstante, como me gusta finalizar con la cosas que empiezo voy a continuar con el intercambio epistolar hasta que usted caiga en la cuenta que está manejando definiciones inciertas.

Al igual que Descartes, creo que la razón es la cosa mejor distribuida entre los hombres. Todos la tenemos, pero a la vez, todos la ejercitamos de distinta manera. En fin, usted deduce y yo intuyo. Yo capto inmediatamente la realidad, usted sigue pasos y por lo tanto no llega a conclusiones firmes. Recuerde lo siguiente: pienso, luego existo.

Una vez dicho esto, creo que estoy en condiciones de afirmar que esta discusión no tiene más sentido, ya que la historia y el desencadenamiento de los hechos me han dado completamente la razón.

Ahora puede usted, tranquilamente, dedicar su vida a medicarse y a enviudar.

Muchas gracias.

“Beto” Cuevas

Nota: En cuanto a su lectura de Nietzsche, solo me delimitaré a decir que este tipo estaba loco y que, como tal, no puedo ser ni juzgado, ni tenido en cuenta. Sería poco serio.

Nota 1: Le regalaría mis discos de jazz, pero no estaría seguro que pueda usted llegar a comprenderlos.

martes, 30 de junio de 2009

ANARQUISTAS DEL AMOR (2° Parte)

Querido “Beto” Cuevas:

Sepa usted, antes que nada, que mi acefalía epistolar se debe a que he estado ausente de casa este último mes. No es mi intención traerle malos recuerdos pero he pasado las mejores vacaciones de mi vida junto a (valga la redundancia) la mujer de mi vida.

Afortunadamente, un hombre seguro de su suerte no tiene que revisar celulares ajenos, ni llevarse sorpresas ingratas dignas de encuentros extramaritales del tercer tipo. No es mi caso.

Ahora bien, si me disculpa, tengo un par de críticas que hacerle. La primera de ellas es una acción que debe dejar de contemplar. Me refiero al Máuser en su cajón, sabido es que los suicidios son una solución permanente a un problema temporal.

El término “solución permanente” es sin dudas seductor, pero sepa también que ese permanente lleva implícito un sin retorno que deriva en la no existencia. Es decir, usted cesaría de respirar, moriría. Un final trágico sin dudas, sobre todo si tenemos en cuenta que no va a poder completar la lista de personas a asesinar y su ex mujer saldrá impune de tamaño crimen.

Le dejo mi primer mensaje: Transgreda las pautas, muera por su causa.

Con respecto a sus lecturas filosóficas debo advertirle que no son completas, o al menos, son irrisorias.

No se ofenda, pero acusar a Thales de Mileto no sólo es un acto primitivo sino también limitado. Sepa usted que Thales era un filosofo presocrático, es decir, que está pagando los platos rotos alguien que dejo de existir mas o menos 560 años antes de Cristo y usted es de la época de los celulares y la Internet.

Si bien, Thales fue el primero en dar respuestas racionales a los problemas, también es cierto que estos problemas estaban más vinculados con la geometría y no con las tragedias de la vida humana. Por otra parte, cabría destacar que fue más conocido como astrónomo que como filósofo en sí.

Si volvemos a su pensamiento, es de conocimiento público que en el amor no hay lógica, por lo que amoldar un sufrimiento emocional a concepciones derivadas de un genio astronómico sería como pretender que un chapista explicara la teoría de la relatividad.

Es verdad, que al igual que Pitágoras, Thales se preguntaba por la realidad y estaba sorprendido por las regularidades que había en el mundo; pero sepa también que esos pensamientos evolucionaron y se han llegado a mejores conclusiones (sin desmerecer éstas).

Han aparecido hombres como Sócrates, conocido como el maestro por excelencia, un filósofo que creía en el conocimiento de la verdad objetiva e incluso que se ha tenido que pelear con los Sofistas que al contrario de su pensamiento, relativizaban la verdad.

Sino, consulte por Platón que escribió diálogos donde Sócrates (su maestro) hablaba con los sofistas. Un adelantado.

Ni hablemos de Aristóteles, discípulo de Platón hasta que se cansó. Se preguntaba cual era el fin de la vida humana y logró deducir que la realidad estaba confrontada por dos mundos: El sensible, donde todo cambia y el de las ideas donde reina lo inmutable.

Con lo cual, ya le puedo adelantar que quizás por este lado estaría la explicación a lo que le esta pasando. No se alarme, pero el secreto del fracaso en las parejas radica en que después de un determinado tiempo, la mujer quiere que el hombre cambie y el hombre quiere que la mujer no cambie jamás, que vuelva a ser la misma que conoció.

Llamativamente, los resultados son inversamente proporcionales a los que se esperaban, sucede una especie de eclipse porque la mujer es la que cambia y el hombre tiende siempre a ser el mismo.

Con respecto a su apreciación Nietzscheana, sepa que ésta es irrisoria porque la visión que Nietzsche propone no es tan negativa como la suya. Si lo hubiese leído con detenimiento y absteniéndose de los Martinis, se daría cuenta que está manejando conceptos erróneos.

Según Nietzsche, el ser humano está determinado por dos fuerzas regidas por los dioses de la apología: Apolo y Dionisio. Apolo, es el dios de la armonía, del equilibrio, Dionisio, el dios del vino, de la exhuberancia, de lo exótico.

Ambas fuerzas son igualmente importantes, están en nosotros y no debemos negarlas. Por ende, me extraña que creyera en la fidelidad absoluta, sabiendo que las personas conviven con dos personalidades distintas dentro suyo ¿O usted nunca pensó en engañarla? Sepa que si me dice que sólo Apolo rige su conciencia, esto es poco serio.

Por otra parte y volviendo a Nietzsche, éste aboga por sacar la autenticidad, es decir, recuperar la visión dionisiaca para crear lo nuevo, que es la cosa nunca vista, o sea, romper con la monotonía de la historia.

Desde mi humildad, yo creo que eso es lo que usted necesita, componer sus valores, lo que usted quiere para sí. Lo que Nietzsche llamaría un verdadero acto de libertad, Cuevas.

Recuerde que el pastor de Zaratustra logro ver la luz al final del túnel.

Sin más por ahora, y a la espera de buenas noticias le deja sus saludos cordiales, Watson.

Nota: En caso de que decida terminar con su vida, le suplico tenga la atención de regalarme su colección de discos de jazz.

viernes, 26 de junio de 2009

ANARQUISTAS DEL AMOR (1° Parte)

Lo que se va a leer a continuación es una anomalía. "Anarquistas del Amor" fue escrito hace tiempo y puede ser muchas cosas, pero -por sobre todas ellas-, busca reflejar la necesidad de las personas por encontrar explicaciones a manifestaciones que -en ocasiones- carecen de lógica.
Dos filósofos catedráticos, (uno de ellos caído en desgracia amorosa y el otro disfrutando de una relación sentimental asentada) discuten acerca de las consecuencias del amor y lo desgajan, analizándolo desde diferentes posturas filosóficas y atravesándolo por distintos filósofos y diversas etapas del pensamiento.
La historia, también deja al desnudo como las personas -por más letradas o ignorantes que sean- son contradictorias por naturaleza humana y utilizan los argumentos que le quedan a mano para ganar cualquier discusión al precio que sea.
El cuento tiene la particularidad de ser escrito en forma de correo epistolar. Diez partes, diez cartas. Esta es la primera de ellas.


1° PARTE

Estimado Watson:

La constante tensión nerviosa que desde hace tiempo me domina, ha llegado a dañar mi aparato psíquico a punto tal de experimentar una aversión al trato humano que mis allegados no han dudado en calificar como misantropía.

Hundido en el más profundo disgusto por ser este el día número quince sin recibir correspondencia suya, me acomodé en el sofá y con un Martíni de por medio me dispuse a leer un poco de filosofía antigua.

Para mi grata sorpresa, creo haber descubierto alguien más que a partir de este momento pasa a formar parte de mi lista de personas a asesinar.

El mismo lleva el nombre de Thales. Usted seguramente se preguntará por qué. Pues bien, la causa es sencilla. Thales fue el primer hombre que dio una respuesta racional a sus preguntas. Esto quiere decir que hasta su aparición los problemas eran atribuidos a los Dioses.

Tal afirmación, me llevó a la conclusión de que las evoluciones en los pensamientos no siempre nos juegan a favor. Ya que por ejemplo, en mi caso, podría atribuir la desvinculación de mi novia a vaya a saber qué Dios y no al tipo que se acostó con ella, o a ella en sí.

Lo sé, es una sensación muy retrograda la mía. Roza la primitivo querer dar tamaño salto hacia atrás en la historia, pero créame que en situaciones desesperantes uno hasta desea no haber nacido. Al menos, me consuela saber que en este mundo también hay otras personas que la están pasando tan mal como yo. Eso es indefectible.

De más está decir, que son sentimientos muy bajos los míos, pero últimamente empiezo a frecuentar mutaciones insospechadas y de las cuales nunca creí que iba a tener que hacerme cargo. “La lista negra” la completa mi novia, mejor dicho ex novia desde el viernes pasado.

No obstante, tantas horas de auto psicoanálisis en la ducha, también me han llevado a retomar concepciones propias de otro filósofo, un tanto más moderno y que hace poco más de cien años murió. Se trata de Nietzsche.

A veces, creo que el amor es la concepción Nietzscheana de la filosofía de la historia, la imagen de la serpiente incrustada en la boca del pastor. Yo se que Nietzsche estaba un poco loco y tuvo notables síntomas de desequilibrio mental, pero dígame si ¿no es verdad que el género humano cae en la insoportable levedad de tener que repetir continuamente el circulo del amor (vicioso por cierto) que lo destruye y retroalimenta?

No hay nada que hacerle, el amor es lo que era la historia para Nietzsche. La idea del eterno retorno, la imagen de la serpiente mordiéndose la cola. Que digan lo que quieran de los aforismos de “Así hablo Zaratustra” pero Nietzsche tiene razón, en la historia no hay evolución posible porque siempre se vuelve a repetir.

A mi entender en el amor pasa lo mismo. Cuando creemos haber encontrado a la mujer ideal, la misma se desvanece en el aire. Y es acá, donde se cristaliza la idea del eterno retorno. Volvemos a besar la lona.

¿Lo ve Watson? Así en la historia como en el amor. Creemos evolucionar pero es un mero espejismo. Tarde o temprano la historia se repite y se seguirá repitiendo.

El tiempo es un círculo, es una sucesión de “ahoras” y la verdad es un problema bastante complejo, por cierto. Todo lo que está por venir ya pasó, por lo tanto no hay novedad ¿entiende? No hay progreso ni en la historia, ni en el amor.

Me encuentro entre la espada y la pared. Yo soy el pastor del que hablaba el sabio Zaratustra. No puedo soportar la idea de la eternidad personificada en la serpiente. Esta idea se me mete en el cuerpo y me ahoga.

Necesito urgente otro Martini.

Ok, sí. Estoy siendo un poco pesimista, pero qué concepción quiere que tenga un académico como yo, luego de ir de vacaciones con su mujer y descubrir revisando su celular que la misma lo engaña con un tipo veinte años mayor.

Créame, estoy muy mal anímicamente y hasta hay tardes en donde miro de reojo el cajón donde guardo el Máuser.

Que la lógica se me deshaga en la boca (o donde sea).

Lo saluda atentamente, un apesadumbrado “Beto” Cuevas.

Nota: Responda antes de que sea demasiado tarde.


Germán Uriarte

viernes, 19 de junio de 2009

TONIGHT, TONIGHT



Este mas que un video, es un cuadro surrealista.

Y una canción que me trae muchos recuerdos de nieve, frío y bares en el sur. Bien al sur.

martes, 9 de junio de 2009

CHARLANDO CON JOE TROMPETA


Tocó con Sumo, con Las Pelotas, con Divididos, Charly García, Los Piojos, Los Ratones, Los 7 delfines, Los Caballeros de la Quema, Sui Géneris, entre otros. Trabajó con Castello, Bonadeo y Pettinato, Escribió en la TXT. Grabó discos que fusionan jazz y funk, el último de ellos “Bell Vill”, junto a “SuperChatarraEspéshal” recibieron el premio Gardel como mejor disco de jazz. Está por editar tres libros y actualmente conduce su programa en la Rock and Pop y a la noche hace radio junto a Dolina. Entre tanta vorágine, se hizo un tiempo para esta entrevista.

"Soy un cantante de jazz de protesta"

Tácticamente hicimos bien: fuimos dos. Sobre la calle Freire al 900 hay olor a productora y a radio, también hay varias 4x4 y seguridad privada y gente que transita por los medios. Está Elizabeth Vernaci que mientras monta con su hijo a la camioneta, organiza para juntarse con su equipo de radio para festejar quién sabe qué, en algún bar de Plaza Serrano, está Humberto Tortonese, con su pelo largo intacto y Gabriel Rolón con una mochila a cuestas. Son las siete y cuarto, y adentro, en los estudios de la Rock and Pop que se conectan con La Metro, está girando Falso Impostor, el programa que desde 2008, Gillespi lleva delante de 19 a 21 junto a personajes como Alfredo Rosso, Pepe Terminiello y Enrique Symns. Sabemos que es así por el horario y porque en el mp3 de Ignacio retumba la inconfundible voz de Joe Trompeta.

La cita era a las 9 de la noche y ahora que lo pienso bien, creo que exageramos un poco con eso de estar una hora y media antes de lo acordado. Colegiales tiene su microclima instalado, con algunos bares estratégicamente puestos cerca de la radio y hacia uno de ellos vamos, con el único fin de acelerar el paso del tiempo y pulir lo que teníamos en la cabeza previo a la entrevista. Una cerveza bastó para que sean cerca del horario acordado y retomemos el camino hacia la radio. Una vez ahí, nos sentamos sobre dos sillones y clavando nuestras miradas sobre un televisor postrado en TN, nos dedicamos a desengranar cómo en el Congreso se trataba la urgencia de adelantar las elecciones y se le pedían explicaciones a un senador kirchnerista por las interferencias que habían sufrido las señales de Artear en alguna provincia que ya no recuerdo.

En eso estábamos, cuando un tipo de anteojos y rulos baja por una escalera y desliza un soberbio “¿Estos son los dos periodistas que me estaban esperando?, ¿No había otros mejores?”. Nos miramos entre nosotros y nos damos por aludidos. Es lo que hay.
La hacemos afuera, sentados por ahí, sugiere Marcelo Rodríguez mientras termina de saludar a personal de seguridad y dispara una broma. En efecto, ahí estamos, en el ecosistema barrial que propone colegiales, con un reporter y dos morrales, con gente que nos pasa por al lado indiferente. Con Enrique Symns y sus canas al viento saludando a Gillespi por nuestras espaldas, con un tipo que nos escucha mientras le contamos que de que trata la revista nos pide que le alcancemos una y que nos empuja a estrellarnos contra lo impuesto, como alguna vez hizo él cuando comenzaba en esto y justamente es ahí, cuando Ignacio se abalanza y escupe una pregunta acerca de la identidad.


¿Cómo fue Marcelo Rodríguez antes que Gillespi?

Era un tipo inquieto. Eso es fundamental, ya tenía el bichito de que quería laburar en este tipo de cosas. Me orienté para el lado de la música porque es mi pasión. Tuve la suerte de conocer a Roberto Pettinato en los años 80. “Petti” era muy emprendedor, es un tipo genial y haberlo conocido y compartir experiencias como músico me facilitó mucho las cosas.
Cuando “Petti” empezó a laburar en los medios yo era su amigo, éramos muy pegados en ese momento y el mismo me llevó, me arrió a las cosas que el hacía con funciones de guionista por ejemplo.
Así arranqué en el ’91. Laburamos juntos en distintos proyectos hasta el ‘98. Después cada uno emprendió su camino.
Se tarda un montón de tiempo en poder tener una soberanía en lo que vos querés hacer. Hasta hace pocos años laburé en proyectos de otros, compartiendo mesas de trabajo en la radio, programas a los que me invitaban a participar pero no eran exactamente lo que yo quería hacer.


Tenes un humor muy particular, difícil de encasillar, ¿cómo lo definís?

Mi humor es un humor de observación, no es un humor libreteado, no es un humor de remate típico. Lo mío es simplemente observar y poner el ojo en esas cosas que son costumbristas de la vida cotidiana. Pasa por ahí.
Es el humor del tímido, que no habla en una fiesta y es el más hijo de puta porque está mirando todo desde afuera
Referentes humorísticos no tengo. Me gusta mucho Groucho Marx, pero tampoco me fumé todas sus películas, me gusta sus frases sueltas, me gusta su autobiografía “Groucho y yo”. Pero tampoco es un referente.
Pueden serlo Capusotto, Alberti, Casero, Mex o Roberto Pettinato que son todos amigos, ese club es el que a mi me copa y en el que me siento un poco allegados a ellos. Pero si me preguntas, por tipos clásicos como Alberto Olmedo te digo que no, “Pepe” Biondi, “Tato” Bores, lo mismo: no. No tengo influencias muy marcadas en ese aspecto.


Sos un exiliado de la TV. ¿A qué se debe tu alejamiento y la desaparición de personajes como Aníbal Hugo y San Felipe?

La tele no me copa. Lo que tiene de bueno es que paga muy bien, el tema económico es zarpado, pero el medio televisión de aire, lo que estamos acostumbrado a ver, no me gusta mucho.
Aníbal Hugo y San Felipe, básicamente son prolongaciones de mi personalidad. Yo los maté a esos personajes en el sentido de que no quería quedar atrapado tipo Eber Ludueña. O sea, quería proyectarme como mi propia persona y siempre tenes esa tentación que viene de afuera que te proponen hacer esos personajes. Fue una cosa que a mi me divirtió mientras lo hice pero no quería explotarlos demasiado


Sencillo. Gillespi habla de su presente mientras en una especie de tic nervioso acomoda sus anteojos cada dos por tres y gesticula con sus manos. Frente a él, intercambio el reporter de mano hasta que la que lo sostiene se cansa. Ignacio permanece inmutable, sentado en los escalones a la derecha del entrevistado. El hombre en cuestión, estudió psicología un par de años y dejó. Sentía que su verdadera vocación era la música. Aparentemente no se equivocó aunque sostenga que para él, no toca tan bien la trompeta.
“Nadie sabe lo que es tocar la trompeta”, asegura. “La trompeta es un instrumento que lo inventaron en el 1900, estamos en el 2009 y no hay una trompeta que toque sola. Es el mismo instrumento y te lo bancas así o nada, trabaja con la musculatura de la boca, que a los tres días no las tenés más, por lo tanto la tenés que tocar siempre y es muy sacrificado. Nadie sabe lo que es tocar la trompeta, el que toca el piano toca con un hueso, en cambio, la boca es un pedazo de carne que no tiene ni forma y que vos lo tenés que templar como si fuera un dedo”.
Metódico. Dispara un par de palabras después de cada pregunta, sostiene la cabeza con la mirada perdida y las cejas levemente levantadas, se toma un tiempo para pensar lo que va a decir y continúa ampliando lo que en un momento parece a tientas y oscuras, una respuesta concisa a la pregunta.


Sos de alternar monólogos de humor con música ¿Eso viene de la época tuya donde recorrías escenarios con Sumo o apelas a la espontaneidad?

Es una forma de hacer más llevadero el concierto. Cuando uno enfrenta un concierto de música instrumental afronta una cosa que puede llegar a ser un plomo infernal para la gente, incluso, para uno. Entonces por ahí tocamos tres o cuatro temas instrumentales, con solos de un músico o de otro y de repente se torna un plomo y ahí es como que agarro el micrófono y empiezo a deformar con lo que me pasó. Se me ocurren cosas que observé en el pueblo en el que estoy, de cosas que leí de repente en el diario, improviso un monólogo que toma ribetes de stand up sin querer. Se torna una situación humorística que la desarrollo hasta que da, hasta que me retorna las ganas de seguir tocando, de seguir escuchando a mi banda y ahí empezamos a tocar tres o cuatro temas al hilo y vuelvo a hablar, pero es muy espontáneo, no lo tengo planificado.
Lo que me saca los nervios es esa cuestión, es romper esa barrera con el publico que esta ahí. Cuando yo rompo eso y ya hay comunicación se me van los nervios porque es como estar hablando con ustedes pero con 200 o 300 tipos. Es la misma situación.


¿Cómo definís a tu banda, mas cercana al jazz o al funk?


Mi banda es una banda de músicos que tranquilamente pueden tocar jazz a muy buen nivel, pero el líder es medio rockero. Yo escuche más a Spinetta que a Louis Amstrong. Y escuché mas al rock nacional o el rock sinfónico, Pink Floyd que el jazz.
Entonces tengo una información cruzada. Muchas veces a mi me dijeron vos sos el mas rockero del jazz y el mas jazzero del rock. Estoy medio en ese lugar raro.


Trabajaste con Castello, estás con Dolina, el programa Falso Impostor va perfecto, la banda genial, ¿qué proyecciones estas planeando? ¿Cómo te sentís hoy?

Son personas que yo idolatro, soy fan de ellos, fue un gusto laburar con Adolfo Castello, fue un gran satisfacción personal y profesional. Yo tengo la suerte del que me llama a mi a laburar ya sabe quien soy y eso te tranquiliza un montón, es como que no tenes que dar el examen de ingreso entonces eso ya a mi, no me genera nervios.
Después, este año voy a tener varias apuestas mías que no son nuevas. Van a ser tres libros que ya lo tengo escritos y entregados a las editoriales.
No es fácil encontrar la editorial justa porque es como una novia. Son tres libros muy distintos, dos salen en este año y el otro sale en el 2010. Los tres salen con editoriales distintas, con lo cual todo es una deformidad.
A través de Enrique Symns, conocí a la gente de editorial Cuenco del Plata que es una editorial de libros más artísticos que sacaron sus libros. Uno es acerca de mi vida musical -anécdotas de la época de Sumo, del rock, del jazz, conversaciones que grabé con músicos en las que conversamos de cualquier temática - es como una especie de blog, pero convertido en un libro de mi vida musical. Ese sale primero.
Después sale la biografía de Narciso Ibáñez Menta que la escribí con un amigo y que trata la vida de un personaje, actor y creador de criaturas terroríficas. Ese sale en octubre por El Corregidor.
Después en el 2010 saco un libro con Editorial Planeta, que es un libro de reflexiones mías pero de humor, de cosas que nos pasan, todavía no tengo el título. Son cosas de la argentinidad, de lo “tilingo” que somos nosotros, de la sociedad en la que vivimos, los caretas, tiene reflexiones acerca de los medios, acerca de Tinelli, pero es un libro de humor, muy satírico, muy irónico.
También estoy sacando un nuevo disco a mitad de año y voy a tener que hacer un montón de presentaciones con mi banda.


¿Va a estar Gustavo Cerati ahí, no?

Al final no va a estar. Mirá, con Gustavo tuvimos una negociación porque tengo buena onda con él y él tiene buena onda conmigo. Tenemos una afinidad, una especie de buena amistad que surge a partir de que el escuchó un disco mío “SúperChatarra” y me hizo unos comentarios muy buenos. A Cerati yo ya lo tenía clarísimo.
Después en el año 2000, lo llevé a tocar a “Fútbol de Primera” sólo con la viola y ahí pegamos más onda. Después me invitó a Córdoba a ver a Soda Stereo y fui, y terminamos tocando en River con Soda. Surgió la posibilidad de que lo entrevistara acá en Rock and Pop, y él me dijo “lo único que nos falta es grabar algo juntos”, me lo dijo así, al aire y yo le dije “bueno loco, te tomo la palabra, vamos a grabar”.
Nos juntamos en su estudio hace un tiempo y nos destapamos una botella de vino y después nos destapamos otra y no grabamos un carajo. El me empezó a mostrar los temas nuevos que estaba grabando, y nos empezamos a colgar. Le empecé a mostrar mis temas, nos pusimos a hablar de un montón de cosas ¡y era el día que teníamos que grabar! Se hicieron como las cuatro de la mañana y no dio.
Fue a fin de año, él en enero ya se iba a Punta del Este con los hijos y la novia. Y yo en un ínterin metí todas las violas con otro violero, no de mala onda, porque tenía a Baltazar Comoto que es mi guitarrista. En todos los huecos que iba a grabar Gustavo, metió violas Baltazar y quedaron buenísimas y ya dije, “bueno loco no toquemos esto, déjalo así y yo me arreglaré con Gustavo, haremos algo en otro momento”.


¿Qué te pasa cuando tenes que entrevistar a personas que admiras como en el caso de Spinetta? ¿Cómo logras separarte de esa admiración?

Es difícil, porque uno tiene que vivir la vida de una forma genuina. Yo no me puedo hacer el canchero con Spinetta, no es honesto de mi parte. Yo siento una gran admiración por él y la entrevista está hecha desde ese lugar. Yo alguna vez le dije “Loco, pero vos sos Spinetta” y el me dijo “pero vos sos Gillespi”. Pero yo no soy Gillespi, él es Spinetta. Yo no soy fan mío, yo no me la creo de mí porque yo soy un tipo común y desde ese lugar le hice la entrevista.


Hay un tema tuyo que se llama Sr. Méndez y es una crítica al menemismo, pero la gente no lo entiende porque es instrumental ¿Cómo es una crítica a alguien desde lo instrumental?

Fue ese el móvil del tema, lo que me llevó a componerlo. Fue el menemismo que me parecía un cambalache. Menem me parece un ser cambalachesco, ni siquiera me atrevería a decir que es un hijo de puta, porque en realidad es un emergente del país que vivimos nosotros que es todo así, o sea, yo no sé qué tan malo es, más que Macri o más que tantos que están dando vueltas y que la gente los vota. En ese momento me parecía un delirio el Menem que estaba con los Rolling Stone y que después va a jugar al básquet.
Es un tema que es una cosa cambalachesca, es medio grotesco, desde la melodía, es un tema para Menem que en mi material paso desapercibido, que no se sabe, no se transmitió esa idea ni en pedo, y no me acuerdo en que concierto lo dije públicamente y la gente se cagaba de risa como si estuviera contando un chiste. Entonces digo “pero muchachos soy compositor de jazz de protesta”. Causó gracia y quedó así.


¿Por qué no se consiguen tus discos?

El disco es un reflejo de un momento, al igual que los conciertos. Yo hago esas cosas movido por una energía muy infantil. Yo hice una Trastienda hace poco, antes de fin de año y se agotaron las entradas y mi manager decía “Hagamos diez mas”. Pero yo quería tocar una sola vez, porque tenía un montón de obligaciones y me pasa lo mismo con los discos. Como soy independiente y soy mi propio dueño. Ahora este nuevo disco, sale por Sony, que es una gran empresa y ahí surgió ese tema: "por qué no reeditamos, ya que todos los discos son tuyos, contractualmente no estas ligado a nadie, por qué no agarramos, aprovechamos y sacamos todo lo anterior por Sony, con una buena distribución”. Y lo estoy evaluando. Es muy posible que ahora se consigan todos y si arreglo eso, van a levantar una baldosa y van a salir tres discos míos.
La verdad es que me colgué. Es cierto que mucha gente me dice que los discos no están, pero también están pirateados o por Internet.


¿Te jode que aparezcan discos tuyos pirateados?

Es ridículo. Mirá, Piaget decía que la inteligencia es el poder de adaptarte a las nuevas situaciones, o sea, si yo me quedo aferrado, abrazado a un compact diciendo “esto no se puede duplicar”, soy un estúpido. Evidentemente no me adapté a los nuevos tiempos, con que haya un cd hay diez millones a los dos minutos.
Yo creo que el gran dilema de este momento de la industria discográfica, es justamente como se puede superar esta situación. A mí, en lo personal, no me preocupa para nada, porque no te la voy a caretear y hablo en nombre de todos los músicos, los músicos ganamos plata tocando.
En la piratería el que más pierde es el sello discográfico, el artista no.
Porque si Bersuit se piratea diez millones de discos, lo van a ver diez millones de tipos a River y se la ganan toda, el que pierde es el sello que le banca 200 lucas en un disco a Bersuit que no la va a ver nunca más, que les financian una producción fabulosa y que no la recuperan.
Al músico la piratería no le genera una perdida, lo que pasa es que todos los músicos se solidarizan con su sello. Porque el sello va y te pone 200 lucas y te dice “loco te la estoy poniendo mía viva y el disco al otro día está en Internet, teneme un poco de onda”. Entonces el músico sale y habla y se pone en contra de eso.
En realidad uno gana el 10 por ciento de lo que vende el disco. Te lo digo corto y sin pelos en la lengua para que quede claro. Yo con “Bell Ville”, gané dos pesos por disco y vendí 5.000, gané 10.000 pesos y a esa suma la gano en una Trastienda y es un laburo infernal hacer un disco.
En cambio, voy a la Trastienda, entro con la trompeta, digo “Hola, que tal” y dame la plata. Nada que ver. Por eso es que no me calienta la piratería de discos, yo los regalaría, yo pondría una mina en minifalda con una remera que dice “Gillespi” acá en la esquina y regalando compacts. No los cobraría nada a los discos, porque es publicidad que te permite hacer un nuevo show, con nuevos temas y económicamente eso es lo que te rinde


Tuviste la suerte de tocar con muchas bandas y músicos ¿Con quién te gustaría tocar?

Sabés que no pienso de esa manera. Yo no quiero tener como el tipo que se dedican a la caza mayor, la cabeza de Ricardo Mollo, de Charly.
Yo tranquilamente puedo disfrutar de Charly sin tocar con él. No tengo esa cosa de ego, de que necesito tocar con alguien porque me falta esa figurita. Del exterior no me gustaría tocar con nadie. No me interesa. Dejame tocar con mis músicos que son unos divinos.
Ojo, soy un admirador de un montón de grosos de acá, me gusta Charly, el flaco Spinetta, me gusta el Indio, me gusta Andrés, me gustan Los 7 Delfines, me gusta Divididos, Aznar me parce un músico increíble, pero la verdad es que no tocaría con nadie de ellos. Si me voy a primera fila a verlos tocar, pero no necesito tocar con ellos, incluso, la mayoría son unos histéricos insoportables...


Es redundante definir a Gillespi, es partir de lo simple, sin vueltas. Es ir a buscarlo afuera del Paseo Colón y acordar un encuentro. Es saber que el tiempo que se invierte en la espera da sus frutos, es estar frente a alguien que mantuvo sus convicciones, frente a alguien que le compró su primer trompeta a un corista de Iglesia para ir a buscar a Pettinato y salir a tocar con Sumo hace veinte años atrás. Sin intermediarios, ni agenda.
Afuera empezaba a refrescar, suponíamos que el final se acercaba y era saludable hacerlo. La entrevista debía tener una resolución de veinte minutos. Había pasado casi una hora y después de apagar el grabador, seguíamos charlando. Intercambiamos opiniones del estado de los medios de comunicación en la actualidad, de cómo se fueron cerrando las puertas, de la necesidad de reinventarse en tiempos de crisis, de creer en lo que uno hace y hasta de su remera de Miles Davis.
Sobre Freire nos partimos en dos, él por un lado e Ignacio y yo por otro. Nos fuimos masticando alguna consideración final que terminamos de digerir –o no- en una pizzería de Colegiales. Esas cosas que quedan grabadas en las retinas e incisuras y que llevan impresas la estirpe de anécdota y que como se sabe, es más rica si se cuenta en un asado con amigos.
Nos colgamos dice Gillespi y eso bastó para definir todo.

miércoles, 3 de junio de 2009

ENSAYOS BONSÁI


Qué tienen en común el rock, la política, la literatura, los estados de ánimos, las fiestas de la modernidad, el futbol, el cine y la historia? Que todos confluyen y conviven dentro de Ensayos bonsai, la última criatura de Fabián Casas que vio la luz a través del sello Emecé.

El ensayista de Boedo, arremete con una serie de ensayos que difunden la cultura de la contracultura y el boicot de la dictadura de la eficacia literaria sobre cómo hay que narrar. No en vano, a modo de introducción, Casas elige una cita de Davis Duchovny: “Lo que yo busco en la performance de cada actor es el Hamartia, un término de arquería que se refiere a la forma en que se yerra, no a la forma en que se acierta”.

Citador compulsivo y constructor de relaciones a modo de cruces para encontrar el punto G en la lectura y evitar fascismos narrativos, Ensayos bonsai ostenta 227 páginas escritas con la prosa del tuntún bajo el by pass del formato blog. Escritos que ya han salido publicados en el Diario de Poesía, en suplementos de cultura, en revistas como La Mano y en blogs como El Señor de Abajo, Mal Elemento, y El Remisero Absoluto. Todos ellos, que se leen de un tirón y que generan en el lector una abstinencia por seguirle los pasos al ensayo siguiente.

Piezas como “La repetición”, “La solarística”, “Permanencia bajo el arce” o “Rita y Bertoni” son apenas algunas de las muestras de la apreciación de Casas por el estado de las cosas y la cultura. Un escritor necesario con un libro necesario que deja en la conciencia de quien acude a sus páginas, la sensación de que cuando se lee a Casas, también se lo está escuchando, con un buen vino de por medio.

martes, 26 de mayo de 2009

HACHE DOS O


Sobre la mesa quedó un vaso con agua hasta la mitad. Fue la mejor de las parodias que el capricho de los acontecimientos nos podía dejar al alcance de la mano. La paradoja de lo que nunca pudimos terminar, un vaso con agua hasta la mitad. Así de simple y de absurdo.

Vos me dijiste que no sabías y yo entendí todo. Yo te pregunté que harías vos en mi lugar y te juro que tendrías que haber estado enfrente tuyo para ver tu cara de situación.

La última cena fue la de los silencios. Cada tanto algún suspiro y a las perdidas, algún ruidito a celular, del mío, porque el tuyo supongo, debería estar en silencio. Nota al margen: otra paradoja: la del silencio, pero más superficial y tecnológica. Después ardimos y simulamos alguna mueca de sana parsimonia mental, similar a la que teníamos por agosto. Que alguien bendiga a agosto, porque yo en Dios no creo y en julio mucho menos.

Hay cosas de las cuales supuse que nunca me iba a poder deshacer, entre ellas, el viejo de la bolsa, todo lo que convive debajo de mi cama y tu sombra que más de una vez me hizo hablar sólo. Lo demás, supongo que puede ser acomodable conforme a las circunstancias, la sensación térmica y el abominable tiempo de descuento que nos hace soñar con la impronta de que en el último tiro, nos vamos a transformar en el más mejor de los apostadores dentro de la epopeya de dudosa reputación que nos ofrece nuestro futuro inmediato e imperfecto.

Jugala que es gratis. ¿Hiciste los deberes? ¿Rezaste antes de dormir? Amén.
Siempre me atormentó la idea de saber que el vaso de agua se pudiera terminar y hasta hay días donde esquivo el comedor para evitar ver lo que no quiero ver: que no tenga más agua.

Hoy llovía y lo confieso: no tenía muchas ganas de respirar. Repasé con sumo cuidado y sumo pontífice todas las cosas que alteraron el orden irrisorio de lo que nunca tendría que haber pasado o presente, y creeme que no había forma de reordenar con criterio alguno el amasijo de pensamientos y sucesos indigeribles, pero después –a la brevedad-, caí en la cuenta de que el orden de los factores no altera el producto, que a esta altura, supongo, es causa y efecto de mi imaginación ¿o de la tuya?

¿Dónde dejé los antidepresivos?

En todo eso pensaba cuando advertí que se me hacía tarde para llegar al lugar que tenía que llegar y en el cual, -casualmente-, no me esperaba nadie. Y fue ahí, en ese momento, que cerré la puerta y dejé las llaves adentro, sobre la misma mesa donde seguía el mismo vaso con agua hasta la mitad.

¿Y ahora qué hago, Juan Carlos?

Me olvide de preguntarte la pregunta del párrafo aparte:

¿Cómo anda tu amiguito, el baterista? ¿Y ese otro, el modelito de boxer que se resiste al paso del tiempo? ¡Contra la naturaleza no, eh!

La costa no fue hecha para noche de bodas y tus ojos siempre tuvieron la particularidad de mirar desde lejos. Lo peor de las ecuaciones es sacar el resultado.

¿Adivina qué?

Sin que hables lo entiendo igual.

¿Dónde escuché eso?

El Halopidol, Abrí la boca y subí la lengua

No soy yo, doctora. Es la acidez ¿o el ácido? Como sea, necesito un vaso de agua.

¿Te lo vas a terminar? ¿Así como así?

Es hora de levantarse querido.
Lo peor del gerundio es conjugarlo en singular

Basta, te dije.

¿De qué te reís?

Una última dejame hacer, antes de que te vayas, decime una cosa:

La vida… ¿para dónde queda?

Supongo que me quedé otra vez hablando
solo.

martes, 12 de mayo de 2009

FICCIONES


Apunte bien, don Jorge.

Y piense en el infinito Kafkiano...

domingo, 3 de mayo de 2009

LA ANDY WARHOL DE LAS EDITORIALES


Esteban Castroman, Lorena Iglesias e Ivan Moiseff son los creadores del engendro Clase Turista, una editorial dedicaba a procrear “libros objetos” con temáticas alternativas para esta época, o no tanto. “Manual de supervivencia para los días del gran desastre” es su última criatura, pero antes, hubo otras tan abominablemente sugestivas como estas, entre las que conviven breves antologías de poesía iraquí, otro libro de poesía africana contemporánea y “Ama de casa calentona secuestrada”, una recopilación de historias de sexo, dinero, violencia y fantasmas infantiles.
En fin, una editorial independiente que utiliza repasadores, copos de algodón, cartas bomba y pasto superficial para forrar sus libros. Nada de otro mundo.


Tenemos una visión pop de lo que pasa en el mundo


El objeto en cuestión tiene apliques de plástico verde que simulan ser pastos y yuyos, sobre la tapa una flor rosada resalta sobre el resto. “Llevate uno”, dice Iván, “estos son los beneficios de ser periodista”. Yo pongo la mejor cara de “no ser digno merecedor”, pero en un gesto de clara contradicción, abro el libro.

La editorial Clase Turista irrumpió a mediados del 2005 e hizo ruido, está ubicada en pleno Villa Crespo, a pocas cuadras del club Atlanta, hacia allá me dirijo. Promediando el lugar, desde un departamento de la calle Bondpland sale humo, no se está quemando nada, sólo es un mega televisor sintonizado en CNN.

Se abre la ventana del mismo y me saludan. Lorena baja a abrirme y mientras esperamos a que Iván y Esteban vengan con algo para tomar, ella reconoce el porque de este último libro, “el discurso del miedo esta instalado en todos lados, como que deja de ser algo muy metafórico para pasar a ser algo súper literal. Nos parecía muy interesante que mientras vos a ese discurso lo tenés en algún lado de tu cabeza, uno sigue viviendo como si tuviera toda la vida por delante, como si nada pasara. Uno no ordena su vida a disposición de un deseo y de lo que realmente tiene que hacer en la tierra. Digo ¿a que vine acá? ¿Vine a ser feliz? Cada uno tendrá su respuesta. Nos parecía interesante plantear es escenario así, súper urgente, el mundo se está por acabar, tenés 15 días para hacer lo que tenés que viniste a hacer, bueno hacelo. Es una invitación a plantearse para qué uno está vivo”.

La puerta se abre y de repente ya no estamos solos. Entre cervezas, agua mineral y Coca Cola aparecen Iván y Esteban, los otros responsables de Clase Turista. Se acercan al living, y la cosa se pluraliza aún más.

¿Cómo manejan el hecho de que siendo este su proyecto independiente, de repente, los medios hacen foco en él y empiezan a salir en los principales diarios y revistas del país?

L: Nosotros terminamos un proyecto y lo hacemos circular. Nos interesa que tenga una repercusión y es genial cuando así sucede, pero no tenemos una angustia de que eso vaya a pasar o no. A mi lo que me pasa, es que cuando nos pusimos a escribir este manual, sentía que cuando lo terminemos de escribir iba a ser una locura y es una locura que exista y que esté. Con el hecho ya de lograr terminar el libro y que esté en las librerías a mi me parece genial. Me da toda la satisfacción que necesita para encarar un proyecto.
Lo bueno es lograr decir algo que no está dicho. Y ya con el hecho de haber conseguido expresarlo y decirlo es una conquista genial.

E: Esta claro que los medios legitiman. No lo digo yo, Clarín dice qué. En un mundo mediático, la gente dice “lo dijo la tele y entonces es verdad”. Lo que no está mediatizado no existe. Nuestro objetivo principal es apuntar a reencontrar el valor del libro como objeto en un contexto donde todo tiende a la digitalización de las cosas. Tenerlo en la mano, leerlo, tirarlo contra la pared o lo que te provoque el contenido, pero el libro como un objeto que sea un mundo portátil. Lo demás es secundario.

¿Cómo nace Clase Turista y la modalidad de editar libros objetos?

I: La idea era tener un espacio donde reflejar lo que nos interesa, rebotarlo y expandirlo. Hoy por hoy, tenés que asumirte como productor cultural, no solo como escritor y editor y que me contrate alguien. Entonces era un poco, la manera de encontrar lo que uno quiere hacer, y a eso bancarlo uno. Vos sos el editor y no tenés ninguna restricción de ningún tipo.
Nosotros solo queríamos comunicar claramente lo que queríamos de la mejor manera posible y salió como resultado el libro objeto. Pero eso más que nada fue una caracterización de la prensa.
En nuestro caso la elección del tema tiene que ver con eso, con el interés un poco “pop” que tenemos con lo que pasa en el mundo.

L: Existe primero cierta dificultad para ver como entras en esa vorágine . Pero después ves que esta historia de tener los medios de producción vos mismo de lo que haces, te da un montón de beneficios, porque podes elegir desde el diseño de la tapa, hasta poder elegir un tema como el “Manual de supervivencia de para los días del gran desastre” que quizás es un delirio total. Como lo manejas vos, podes elegir todo lo que quieras, tenés total libertad al plantear eso.
Había posibilidades no explotadas que eran re ricas en el momento de transmitir cierto interés y un gancho hacia la lectura. Fue genial hacerlo, porque podes transmitir de una manera mucho más seductora el concepto del libro.

¿Cómo absorben cierta crítica de la prensa cuando les plantean que lo que producen atraviesa por el dilema entre ser obra o quedarse en un souvenir?

L: A mi no se si me toca manejar eso o si es más del lado del que compra un libro. Nosotros apostamos a la lectura y lo hacemos con algo que nos parece muy divertido, que sea atractivo y seductor. Supongo que hay un riesgo de que alguien diga “Ah mira que cosa linda”, como si fuera un florero. Pero me parece que así como son muy atractivos los libros desde la tapa, también lo son desde los textos. Me parece difícil que desde el primer gancho -que es que tenga pasto en la tapa-, inevitablemente vas a abrir para ver de qué se trata y cuando veas que es un manual de sobrevivencia para los días del gran desastre, poca sangre tenés que tener para no meterte

I: Con el tiempo las cosas se defienden solas. En un punto, uno hace todo el esfuerzo y después el destino es el destino, de cuánto valor tiene eso en el mercado, en la gente si se sigue interesando. Uno no puede definir eso, queda más en la vida que tiene un proyecto.

E: Uno no puede gobernar la interpretación de la gente o de los medios. Pero a mi, particularmente me divierte, porque estamos seguros de que el contenido no es un mero florero. Si dispara esa reflexión o ese riesgo, o lo bordea, creo que también a ese riesgo lo bordea esa cierta provocación, o cierto lugar divertido, que tiene el pop. El pop en definitiva es eso.

I: Yo creo que lo mejor que tiene la parte estética en si, es que funciona así, es que en definitiva podés poner en contacto a un tipo que vive un Irak con alguien que no lee mucho ¿Anda a comprarte una antología de poetas iraquíes? Mucho lo harán por el hecho de la tapa, pero después te encontrás con un tipo al que le volaron la cara a la hermana y eso te lo está diciendo, no está filtrado por una noticia
Es como los videos clips de Madonna, pueden ser pop, pueden ser frívolos en su cáscara, pero hay mucho de los 80 que habla más del racismo que había en Estados Unidos en ese momento, que un montón de artículos serios. O sea, hay una profundidad de la superficialidad.

L: Son intervenciones a lo simbólico y a lo cultural. Yo creo que hay cosas que “se disfrazan de” y que pareciera que por su tono de voz fueran como serias, profundas y están diciendo algo y en definitiva por ahí, no es más que un gesto y no están diciendo algo.

Ustedes caracterizan al lector en la actualidad como regido por la connotación del flash ¿La connotación se acerca a la sobrecarga de información y palabras que hay hoy en día y al abuso de los medios en ese sentido?

L: Tiene que ver con eso, del flash que recibís todo el tiempo y con algo un poco más activo por parte del sujeto, que es cierto placer por experimentar y viajar por tu cabeza, que es lo que te propone la literatura, como forma de elaboración subjetiva de eso que aparece como un hecho, como algo dado. Las personas hacen cosas con eso, la poesía, la literatura en general, es una forma manera de hacer algo con un sentido que te viene. Por eso para nosotros es vital. La definición de literatura que manejamos tiene que ver con eso. Con el placer y disfrutar. La lectura puede ser sexy y divertida también.

E: Por ahí la gente no se acerca a la literatura porque tiene una visión errónea, piensa es un lugar aburrido y sórdido.

¿Cómo es la puesta en escena de cada edición y que criterio utilizan para elegir los temas?

I: Los temas que elegimos para publicar tienen que ver con nuestros intereses y flashes. Nosotros somos gente que nos encanta leer, que nos encanta la literatura y que nos parece que es una buena forma de meterte en el mundo y en cosas que todo el tiempo están dando vueltas. En los medios, en películas, un montón de discursos distintos, se te acercan y se te proponen temas y como reelaborarlos o profundizarlos a través de la literatura.
En el caso de los poetas iraquíes nos pareció genial la jugada. Todo el tiempo estás viendo el conflicto o las atrocidades de la guerra en CNN, mira lo que te muestran, un tanque y un par de tipos en corbata. Nos pareció interesante ver que pasa con las personas ahí, con la sensibilidad, con el costado humano. No hay personas que sostengan un discurso en primera persona. Es decir de la experiencia, que diga “a mi me pasa eso”.
Lo fuerte en el libro de los poetas iraquíes es su punto de vista. Porque es un pibe que te está contando que sale a la calle y pasa algo. En Bagdad u otra ciudad. Eso es muy fuerte.

E: Cada versión era discutir. A veces hemos estado horas hablando de una página. Nos divertimos. Por más que tengamos diferentes visiones de lo mismo. Pero cuando encontramos como un punto en común, hay como un sonido que se dispara y decimos: “es por acá”. La forma de trabajar tiene un costado más racional y otro de intuición, de dejarse llevar.


De dejarse llevar se trataba. De fondo seguía CNN e Iván estaba hablando ahora con otra persona que había ingresado al lugar. Los saludé y agradecí el presente.
Me fui de Villa Crespo con algo más que un libro de regalo, me fui con la curiosidad de ver cuanto antes el próximo libro de Clase Turista, me fui pensando en los poetas iraquíes que escriben al lado de un fusil, me fui pensando que clases de flashes regían mi forma de leer y como si fuera poco, con las ganas de encarar un proyecto propio, de tener una visión un poco mas pop del mundo.

La tranquilidad del barrio me hizo flotar en esa atmosfera por un lapso de tiempo interesante, hasta que llegué a la boca del subte y me di cuenta que el Apocalipsis se acercaba. Había vuelto a la profundidad de la capital. Me sentí un tanto desprotegido y solo, caminando entre la multitud de sacos, corbatas, celulares e infotrans, hasta que caí en la cuenta de que tenía el “Manual de supervivencia para los días del gran desastre”, un libro de autoayuda para los sobrevivientes de la especie humana.

Voy a volver mas seguido a Villa Crespo, me dije y dejé caer sobre mis orejas el audífono del MP3.

martes, 21 de abril de 2009

KARMA POLICE


Me gusta mucho -pero mucho- este videito de Radiohead.

Y el tema, ni te cuento.

martes, 7 de abril de 2009

DE ESCAPISMOS Y RESIGNACIONES


¿A qué no saben qué? Últimamente estoy hiper sensible. No sé qué me pasa, pero cualquier cosa que veo por la calle me pone en jaque lagrimal. Cuando estoy así me gusta leer. También me gusta escribir, pero -como señalé en un ensayo anterior- a escribir lo encasillo dentro de aquellas actividades que anestesian un estado de ánimo indeseado.

Si a eso le sumo que hoy llueve, es muy probable que de tener un mauser en el cajón izquierdo de mi placard, el que esté escribiendo acá, sea otra persona y no yo, que podría estar con la cabeza eyaculando sangre por donde se la mire sobre la camilla de cualquier ambulancia del SAME, en dirección al Ramos Mejía. Pero bueno, recapacite un poquito –no mucho- y me dije “mejor me pongo a leer algo y después, si me dan ganas, escribo”.

Leer en mi caso funciona a modo de tregua, a diferencia de la narrativa que según Gabriel Reches “es, a lo sumo, un porrito”. ¿Se entiende? Leer es un escape pero no una terapia como escribir, aunque en el fondo, en el patio del fondo, se toquen y se gusten.

Desde que mi amigo Ignacio vino a mi casa de Balvanera, mi biblioteca se agrandó en forma considerada y con ella las opciones de lectura. Sobre un placard viejo, en la parte superior están los libros de él y sobre la parte inferior están los míos. La biblioteca de Ignacio varía entre lecturas algo más combativas y Hemingway. A Ignacio le gusta Hemingway. También las poesías y Neruda. A Ignacio también le gusta Neruda. Supongo que por eso, tiene facilidad para la poesía, virtud que le envidio porque yo nunca podría escribir una, aunque no me falta nada de lo que Rilke consideraba esencial para escribirlas. Yo también amé, gocé, vi nacer y morir, con la diferencia que lo hice en el siglo XXI, donde se muere por otras causas.

Como decía, ahora llueve mucho, y ando un poco sentimental y por esas cuestiones de la vida, estoy escuchando un poco de Conor Oberst, cuya melodía repunta el estado o lo sumerge mucho más. -A veces, paradójicamente, se necesita ahogar algo para cambiar de aire-. En fin, en su último disco, el líder de Bright Eyes, asegura en una de sus canciones, que el primer viaje a la luna “no fue otra cosa sino el mejor escape de la humanidad”. Oberst fue catalogado desde hace un tiempo por la prensa norteamericana como el “nuevo Dylan” y aunque también afirma que “no hay nada que el camino no pueda curar”, en una especie de contradicción interna, el suicidio continúa siendo un tema recurrente en sus letras.

Mi amigo Ignacio trabaja en un call center, vendiendo seguros de vida a portadores de tarjetas de crédito. Cada vez que llega a casa se replantea el lugar laboral que el sistema en estos momentos le hace. Se rasca la cabeza, se le hinchan los ojos y jura irse cuanto antes de ahí. Tiene talento, sueños y valores. A Conor Oberst le falta mucho para ser como Dylan, pero el presente de Ignacio no tiene nada que envidiarle al tema “La granja de Maggie” que Bob, compuso hace ya unos cuantos años: “Tengo mi cabeza llena de ideas y acá me obligan a lavar el piso”. Letal.

Por suerte, Ignacio tiene sus escapes que no son los suicidios, que no son otra cosa que una salida permanente a un problema temporal. Pero como el ser humano es un complejo sistemas de cromosomas, vicios e historias pendientes difíciles de superar, millones de personas eligieron el adiós eterno para darle un escape a sus problemas. Por ejemplo, el “Malevo” Ferreyra, que de eso entiende, y mucho.

Sino, pregúntenle a los de Crónica que ni lerdos ni perezosos cubrieron su tiro de gracia con una obstinada música trágica, que empujaba a su conciencia suicida, susurrándole al oído “pegatelo ahora ¿qué esperas?, mirando a la cámara 1 por favor”. Carozo y Narizota, estupefactos y valga la redundancia: sin salida, hasta que vino Riverito y se puso a cantar la quiniela a la espera de la placa roja que con música tétrica y la leyenda de “fue primicia de Crónica TV”, anunciara que en breves instantes iban a repetir el “lamentable” episodio. Así estamos, hoy Crónica encabeza la campaña a favor de la pena de muerte en el país, con informes ridículos que alimentan la lipotimia neuronal de Susana, que recluida en Punta del Este, se autodenomina la vocera del pueblo. A CNN se le hace agua la boca.

Pero si hablamos de huir, pero de huir de verdad, Eric Weiss era infalible. Weiss nació un 24 de marzo en la ciudad de Budapest. Fue fuertemente influenciado por un ilusionista francés llamado Jean Eugene Robert-Houdin. Tanto lo fue, que en efecto, Weiss decidió cambiar de piel y autodenominarse “Houdini”. Con él, nacía la leyenda más grande dentro del escapismo. La historia cuenta que Houdini tenía una gran habilidad para escaparse de baúles cerrados con candados, de esposas, de sogas, de chalecos de fuerza, de cadenas y de todo aquello que lo quisiera hermetizar. Para tales proezas, el escapista ocultaba ganzúas, llaves y otras herramientas en los distintos orificios de su cuerpo, y hasta se ha llegado a decir que tragaba algunos elementos y luego los vomitaba. Sea como sea, Houdini marcó tendencia y siempre tuvo una salida al alcance de la mano.

En “El Abrazo partido” de Burman, el padre de Ariel (interpretado por Daniel Hendler) abandona a su familia por un ideal claro: ir a pelear a la guerra, aunque con el correr de la trama hay otra razón que justifica su huida, un engaño por parte de una mujer a la que creía de una forma y resulta ser de otra. En el medio, Ariel busca su lugar en el mundo y Elías (el padre en cuestión) trata de acercarse a él, que permanece obstinado en creer que su papá fue un garca que hizo y deshizo como quiso y ahora aparece en su vida porque si. Sobre el epílogo del film, la madre de Ariel confiesa la verdad que hasta ese momento no se sospechaba y las cosas repentinamente cambian de enfoque. En una de las últimas escenas de la película, Elías mientras toma un café con su hijo en el barrio de Once, dispara algo que dice mas o menos así: “No importa con quien te caguen, puede ser cualquiera, el problema es como seguimos”.

Supongo que en ese entramado de ver como seguimos es donde el ser humano se reinventa día a día. Es ese instante que nos permitimos para ver como se sigue, o no. La resignación, decía Balzac, es un suicidio cotidiano. La procesión va por dentro y los escapes es la exteriorización del resultado de esa procesión.

A veces escaparse es no dar la cara, y otras, escaparse es tener ingenio para resolver una situación indeseada. Poner patas arriba lo que parecía abominable. La acción que el hombre medio levante, lo encasilla en uno u otro lado. La ambigüedad del término en sí misma no es más que la pluralidad de definiciones que puede llevar consigo una palabra determinada. Somos lo que hacemos en el instante que lo hacemos y se dice que el ser humano educa con lo que construye y no con lo que dice. Básicamente, en esto radica la diferencia entre Ferreyra y Houdini y lo mismo puede aplicarse al resto de los mortales.

En fin. ¿En que estaba? Denme un segundo, me voy a tomar un tiempo para rearmar este rompecabezas repleto de imágenes y palabras desordenadas, que entre Dylan, Ferreira, Susana Gimenez, Riverito, Carozo, Narizota y Houdini hay un abismo inseparable y veintisiete galaxias. Mejor, voy a salir disparando para el lado de Ignacio -como hacen muchos-.
Afuera, hoy es un día de lluvia. Dos o tres veces –no recuerdo con exactitud- me asome por la ventana y vi como la gente se destrozaba entre sí. Supuse que Ignacio en otro punto del país debería estar escribiendo.

Y hoy si, hoy tengo ganas de amarrar todas las cosas que tengo y tirarlas por el balcón, de preguntarme ¿por qué no? ¡¿Y si este día le doy vía libre a la angustia y después la paso a buscar?!

Gracias Ignacio, te debo un poco más que este final, que por cierto, ya es tuyo. Es este el día que tengo que ser lo que sea y no lo que soy. Absolutamente. ¿Te suena?

Ahí tenés un caso.