
A orillas del río Huayna Mayu tres niños juegan. Corren descalzos persiguiéndose entre ellos. A veces a uno, a veces a otro. Gritan, se ríen y cada tanto, pronuncian palabras en quechua. Frases cortas, latiguillos que -supongo- deben ser fundamentales para orientar el juego. El pez muerto pasa de mano en mano y -ahora advierto- que quien lo posee, es el encargado de perseguir a los demás.
Es una democracia perfecta, pienso, los tres niños en algún momento lo tienen y los mismos tres en algún momento son perseguidos por carecer de él.
Potosí, enero 2010.
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